"El mundo no se hizo en el tiempo, sino con el tiempo"

San Agustín

miércoles, 20 de mayo de 2015

El loco Casimiro- de Blanca Miosi

Si existe una persona que es referencia para muchos escritores independientes, esa es, sin ninguna duda, Blanca Miosi.
Con un amplio bagaje en el mundo de las redes y en perseverancia y esfuerzo por hacer llegar a todo el mundo sus "productos", Blanca ha sabido moverse como nadie. "La Búsqueda", "El Legado", "El Manuscrito", etc, son varios de sus libros que se encuentran entre los más vendidos de Amazon, con miles de lectores fieles que siguen con avidez sus pasos y movimientos. Blanca, además, es una autora generosa y amiga de sus amigos, apoyando a otros escritores noveles siempre que puede y aportando útiles consejos para aquellos que se deciden a publicar por libre. Todo un ejemplo a seguir.
En este relato, perteneciente nuevamente a la antología solidaria "Leyendas de la caverna profunda", nos encontramos con un tal Casimiro al que parece ser que, al final, la vida le sonríe...o no. Se trata del texto, quizás, menos fantástico de todos los de la citada antología.
Se salva, en el sentido más "fantástico" de la palabra, como comenté en una ocasión, por un café.


El loco Casimiro

Casimiro Espinoza llevaba casi media hora metido hasta el cuello en la tina de agua caliente.
La gente que lo había recogido de la calle esperaba que aflojara lo sucio antes de proseguir con su aseo. Mientras aguardaba a que continuasen con el plan de convertirlo en caballero, según habían dicho con sus propias palabras, él hacía un recuento de su vida observándose las uñas.
Diez años. Diez años habían transcurrido desde que empezara su camino cuesta abajo en la rodada, como diría el tango de Gardel, pensaba Casimiro. Un buen día se vio en la calle: su mujer y su hija lo echaron de casa y, claro, después de un tiempo él mismo les dio la razón.
¿Cómo soportar a un hombre sin trabajo, borracho y encima, celoso? La verdad de todo era que a los cuarenta y ocho años difícilmente podría encontrar empleo, por lo menos uno acorde con el nivel de vida que habían llevado hasta entonces. Después de la reducción de personal no hubo manera de volver a trabajar en algo que valiera la pena. Y lo cierto de todo era que él no era hombre para empezar un negocio, ni siquiera de buhonero. Así que pronto se bebió los últimos ahorros que le quedaron y un buen día apareció literalmente en la calle, pero estaba tan ebrio que lo único que le importaba era encontrar algún buen lugar donde echar una siesta. Después la siesta se convirtió en sueño nocturno y al cabo de algunas semanas se encontró peleando con otros indigentes por un buen lugar en el alféizar de la ventana del Banco Exterior, el que daba a los jardines. El mejor lugar de Los Ruices. Afortunadamente pudo quedarse con el sitio, y la figura de Casimiro pasó a formar parte del entorno del lugar. Después de un tiempo se había habituado a un programa de actividades. Él siempre había sido un hombre de hábitos.
Su recorrido empezaba temprano por la Panadería Los Cortijos, donde el portugués parecía tenerle cierta simpatía, algo difícil entre aquella masa de inmigrantes, pero cada mañana, Casimiro sabía que en cuanto llegase a la panadería el portugués le convidaba a un café con leche grande y una canilla de pan.
—Tu no te pelas una... —le dijo cierto día el portugués en tono de cachaza.
—Ni muerto, portu... ni muerto —prometió Casimiro solemnemente, poniendo la mano en el pecho.
Blanca Miosi (fragmento de "El loco Casimiro", perteneciente a Leyendas de la caverna profunda, antología solidaria hacia Save The Children. Sólo por donar 1€ obtendrás un conjunto de relatos donde disfrutarás de este y 17 historias más)


Blanca Miosi (breve biografía)

Blanca Miosi nació en Perú y vive desde hace décadas en Venezuela. Publicó su primera novela El pacto en 2004 y en 2005, otra obra suya, El cóndor de la pluma dorada, quedó finalista en el concurso Yo escribo. La búsqueda, publicada en 2008, Barcelona España, una novela basada en la vida de su esposo, prisionero superviviente del campo de concentración de Auschwitz, tuvo una gran acogida. Fue ganadora del Thriller Award 2007.
En 2009 publicó de la mano de Editorial Viceversa,Barcelona, España: El legado, una novela sobre una saga familiar basada en el personaje Erik Hanussen, considerado durante muchos años el mejor vidente de Berlín y consejero personal del Adolf Hitler. A la venta en España, Sudamérica y ahora en Amazon en formato Kindle. 
EL MANUSCRITO 1 El secreto, se publica en la actualidad por el sello B de Books de Ediciones B, se encuentra a la venta también en edición de bolsillo y también en idioma turco.
LA BÚSQUEDA estuvo un año y cuatro meses consecutivos en el primer lugar del ranking de todas las categorías en Amazon. Actualmente lleva tres años como una de las novelas más vendidas. También figura en la lista de libros en papel más vendidos. Está traducida a los idiomas francés e inglés.

Obras publicadas en Amazon (Todas en el top 100 de bestsellers)

La búsqueda
El legado
El manuscrito 1 - El secreto
Dimitri Galunov 
El piso de la calle Ryden y otros cuentos de misterio
La última portada
El cóndor de la pluma dorada
Amanda
El gigoló
El manuscrito II El coleccionista
Waldek, The Boy Who Defied The Nazis
¿Quién era Brian White?
The Manuscript I The Secret

Puedes conocerla más a fondo en: blancamio

sábado, 2 de mayo de 2015

El triángulo escaleno (un fragmento) - por David F. Cañaveral


Una nueva de fantasía que no parece tal entró con fuerza en el mundo de las publicaciones hace sólo unos meses. Su autor, un joven llamado David F. Cañaveral, ha dedicado varios años de elaboración para este bello escrito, muy bien perfilado y cuidado al máximo. Un autor que en breve, según ha anunciado, hará público otro de sus trabajos. Un autor independiente que, lejos de la etiqueta que muchos dan a los "independientes", autores de baja calidad literaria, ávidos de reconocimiento y de que su obra salga a la luz lo antes posible sin dedicarse a las revisiones oportunas ni a los filtros que (supuestamente) otorgan las editoriales, ha optado por hacer su sueño realidad por sí mismo. Quizás haya que dar más oportunidades a gente de este tipo.
Sin más preámbulos, disfrutad de este fragmento de una historia que son en realidad tres, o de tres historias que confluyen en una única. Tres épocas diferentes y distantes entre sí guardan un nexo común. ¿Cuál es?


El triángulo escaleno

Melchor se inclinó sobre la cama, besó la frente de su benjamín y arropó a sus dos chicos. Apagó la luz de la mesita de noche y corrió tras de sí la cortina que separaba las dos estancias. Se sentó en el suelo, delante del televisor. Lo conectó y puso el volumen al mínimo, lo justo para poder escuchar sus voces extranjeras sin perturbar a sus hijos.
Tardó en asimilar lo que veía. Estaba saliendo en todas las cadenas. Se acercó a la pantalla hasta casi dar con la nariz en ella. Estaban hablando de Alemania. Las fronteras se habían abierto. El muro estaba cayendo. La gente, eufórica, pasaba al otro lado. Era una marea de personas, una riada humana, una cascada de vida.
–Acuario… –murmuró, impresionado.
¿Estaría ocurriendo realmente? ¿Era aquella la señal del comienzo? El cambio se avecinaba. El ciclo se cerraría. Y una nueva era daría comienzo.
Como siempre.
Aquel torrente humano… Los individuos se convertían en colectividad. La fuerza de uno se transformaba en la de todos. Piscis daba paso a Acuario.
Melchor desconectó la televisión y se puso en pie. Se quedó allí parado, flotando en sus pensamientos. Se dio cuenta de que respiraba agitado. Se había puesto nervioso.
Cayó en la cuenta de dónde y cuándo estaban, de adónde había conducido a su familia. A Praga, a Checoslovaquia. La noche de la caída del muro de Berlín.
Tuvo miedo: miedo por Dora; miedo por los niños; miedo por sí mismo.
Melchor tenía cincuenta y tres años. Le llevaba casi quince a su esposa. Era alto y corpulento, de hombros anchos y tórax prominente. Su abundante cabello moreno peinaba ya bastantes canas. Tenía una frondosa barba negra con vetas blancas. Había arrugas de sabiduría en torno a sus ojos oscuros. Era un hombre culto y respetable, como inspiraba su mirada.
Melchor era el padre. Su nombre significaba “rey de la luz”.
Sintió una súbita punzada de dolor en el pecho. Instintivamente, presionó con la mano la zona agarrotada, tratando de calmar tan inesperado malestar. Respiró con calma unos instantes, y logró reponerse. Pues no, todavía no había llegado su hora. Pero Melchor era consciente de la herida centenaria que había arraigado en su corazón; un designio que tarde o temprano le alcanzaría.
Y sintió pena por sus hijos, sabiéndose impotente ante la idea de que, algún día, él ya no estaría a su lado. El día que faltase, ya no sería nada. Nada.
Un ruido le sacó abruptamente de sus cavilaciones: una pisada, fuera en el pasillo. Melchor se puso alerta. Cerró los puños inconscientemente, haciendo acopio de fuerzas, deseando tener algo que utilizar como arma.
Más ruidos, más pisadas. Lentas y cautelosas, procurando pasar inadvertidas, pero indudablemente dirigidas hacia la puerta de aquella habitación. El picaporte se giró con insoportable lentitud, y la puerta se abrió despacio.
Melchor respiró aliviado cuando reconoció a Dora en el umbral. Su mujer le miró en silencio. No sonrió, y Melchor se percató de ello. Parecía consternada, superada por algo que hubiera ocurrido durante su escapada nocturna.
Dora cerró la puerta cuidadosamente y caminó hacia su marido. Se encontraron en mitad de la estancia, contemplándose el uno al otro, con gesto profundo y circunspecto. Melchor no pudo soportar más la incertidumbre, y preguntó:
–¿La has encontrado?
Dora mostró una mirada temblorosa a su marido. Parecía estar a punto de prorrumpir en un desconsolado llanto. Se metió la mano en el bolsillo de la chaqueta y la extendió ante él, desvelándole lo que guardaba entre sus dedos. Melchor admiró ensimismado el objeto, casi boquiabierto. Era una joya, una joya magnífica. Era un triángulo equilátero, de unos dos centímetros de
lado; grueso y robusto. Estaba hecha de algún material precioso, negro con ribetes marfil. Era una oscuridad que a la vez brillaba. Era fabulosa. Estaba engastada en un triángulo de oro que protegía su reverso y le otorgaba un matiz de majestuosidad.
Melchor puso una mano bajo la de su esposa, como si así la ayudara a sostener el peso de aquella maravilla. Colocó la otra mano por encima, ocultando el curioso brillo que el objeto despedía.
Melchor y Dora se miraron a los ojos. Los dos comprendían el significado de la existencia de aquella gema. Se fundieron en un arrebatado abrazo, conteniendo toda su emoción, perdiéndose cada uno en el pecho del otro, buscando su protección.
Sentían el peso de muchas vidas sobre sus hombros.

David F. Cañaveral (Fragmento de "El triángulo escaleno")


Su novela, en formato digital y en papel, la puedes conseguir aquí

Si quieres saber más sobre el autor puedes hacerlo en su página: davidfcanaveral.es

jueves, 23 de abril de 2015

Encuentro de Literatura fantástica

Mañana viernes 24 de abril, como actividad del Día del libro, se ha programado un encuentro de dos autores de literatura fantástica.

David Cañaveral y Javier G. Valverde se "enfrentan" mediante Daniel Moreno (moderador y lector compulsivo, así como corrector editorial) conocedor en profundidad de las obras de estos autores noveles.

¿Te lo vas a perder si estás cerca?
¿Teniendo la oportunidad de charlar con los escritores?
¿Escuchar su motivaciones?
¿Su proyectos futuros?
¿Asistiendo a unas lecturas dramatizadas por actores, proyección de vídeos, etc?
¿Escuchando nuevas sorpresas?

¿Consiguiendo ejemplares de las novelas a precios especiales? ¿Y encima dedicados por los autores?

Y lo mejor: concluir con un refrigerio organizado por la Biblioteca Municipal de Ontígola para todos los asistentes.


Si te lo vas a perder después de lo leído, es que no tienes sangre en las venas...

jueves, 19 de marzo de 2015

Última reflexión- de Ramón Alcaraz

Pocos son los que viven por y para sus escritos. En cuanto a vivir de todo lo que tenga que ver con ello, me refiero.
Pero Ramón Alcaraz lo consigue. Es escritor, director del taller literario "El desván de la memoria", fundador y dirigente de la editorial del mismo nombre, guionista...Muchas son las actividades que le ayudan, aunque trabajo le cuesta, y más en esta hora que vivimos. Puedo añadir sin dudar, en este caso, que se trata, además, de una persona querida en el ámbito literario.

En este relato, perteneciente a "Leyendas de la caverna profunda", la antología, el protagonista se despierta con la angustiosa una carencia...pero que muy importante...


Última reflexión

Despertó sin la prisa de los amaneceres impacientes; acompañado al finalizar su sueño por la sensación feliz de un vuelo placentero. Se elevaba maravillado por encima de praderas despejadas, planeando sobre mares tranquilos y acantilados inaccesibles. Aquella tranquila evocación le permitió despreocuparse de qué día sería, de si era tarde o temprano. Le extrañó haber soñado también con ángeles; porque soñar con ángeles, creía, era solo el privilegio de un último sueño.

Atrajo su atención la luz inexistente. La oscuridad resultaba tan absoluta que intuyo una noche cerrada, profunda y fría, que le invitaba a seguir volando. Alargó su mano hacia el interruptor de la lámpara y varias veces lo pulsó. La bombilla no se encendió. Tampoco podía ver la pantalla luminosa y rojiza del reloj digital. Visto lo no visto, se lamentó de la inoportu¬na avería en el sistema eléctrico; quizá ocasionada por una densa tormenta, de negros nubarrones.
Sí, eso debía de ser. Se incorporó y a tientas se acercó a la ventana y descorrió las cortinas. Ni siquiera un resquicio de luz; ni siquiera la más insignificante manifestación de la presencia del mundo. “Pero estoy vivo”, bromeó consigo mismo. Tarareó una melodía, se pellizcó la cara, golpeó con los nudillos levemente sobre el cristal y escuchó con atención el sonido provocado. La noche era absoluta, hosca y completa.
“La oscura oscuridad. Lluvia sobre mojado”, pensó con indolencia…
Imaginó las calles de la ciudad sin alumbrado, un cielo olvidado por la luna, el sol moribundo tras una esquina de la noche, a las nubes brunas abrazando tinie¬blas. La perfecta rebelión de la madrugada.
Como los relojes atados no funcionaban, rastreó en los estantes. Se acercó el despertador de pilas al oído y escuchó un tictac infatiga¬ble. Tentando con las yemas de los dedos sobre las manecillas, calculó que eran las cinco y diez. Faltaban cincuenta minutos para la hora habitual de levantarse, pero era necesario anticiparse; las circunstancias adversas exigían un gasto extra de tiempo que debería ser robado al descanso.

Ramón Alcaraz (fragmento de "Última reflexión", relato perteneciente a la antología solidaria "Leyendas de la caverna profunda", que se vende por 1 sólo euro, destinado además a Save The Children, en la página www.1libro1euro.com )



Ramón Alcaraz (breve biografía)
Ramón Alcaraz García nació en Cartagena en 1962. Actualmente reside en Madrid y desde hace más de diez años dirige el taller literario “El desván de la memoria”, donde imparte clases de escritura creativa, técnicas narrativas y guión; labor que compagina con la redacción y corrección de textos para diversos medios, empresas y autores.
Fue ganador y finalista de diversos premios de poesía, relato y guion, entre los que se encuentran el de Poesía Ciudad de Purchena, el Internacional de Poesía Ramón Llul, Islas Baleares de cortometraje, El Mundo de microrrelatos..., a los que se suman los varios centenares obtenidos por sus alumnos.
En 2011 puso en marcha el proyecto editorial también llamado “El desván de la memoria”, para publicar sobre todo a escritores noveles y rescatar del olvido a otros autores de épocas pasadas.
Ha trabajado y colaborado en algunos proyectos de series para televisión y en diversas antologías de relato y poesía.
Visita la página de su editorial www.eldesvandelamemoria.com

miércoles, 4 de marzo de 2015

La otra senda-de Blas Malo

Blas Malo es un escritor de corte histórico con pocos libros en su haber( por ahora) y mucho en la chistera. Desde que empezó con "El esclavo de la Al-Hamra" en Ediciones B no ha parado. Además, lleva desde hace pocos años en sus espaldas el peso de las Jornadas de literatura histórica de Granada", encuentros que van creciendo en calidad e importancia. El trabajo, si se hace, hay que hacerlo bien, y Blas es una muestra de ello.
Retrocedamos en este relato, de corte histórico aunque con una inquietante presencia que se sale de lo normal, hasta la época del Imperio Romano de Oriente, hasta el momento del emperador Justiniano...

La otra senda
En Constantinopla miles de espectadores gritaban en el hipódromo, llenándolo de insultos con sus voces y de huesos de aceitunas, escudillas, pequeños guijarros, higos secos a medio comer y de todo aquello arrojadizo que estuviera a su alcance. En la arena, dos hombres encadenados con grilletes en pies y manos avanzaban fatigosamente tras sufrir el tormento de la tortura, y desde lo alto del palco imperial el emperador rio a carcajadas contemplando la humillación de los usurpadores. Pero su risa no era humana. Los patricios y los grandes terratenientes que estaban a su lado obligados por el temor a una muerte espantosa sonreían con una risa falsa y sardónica mientras gruesas gotas de sudor recorrían sus frentes y descendían por sus rostros hasta caer sobre los suntuosos ropajes senatoriales.
—El ejército de los búlgaros está a las puertas, merodeando como perro esperando un hueso de su amo, y él todavía cree que podrá eludir la muerte. Que Leoncio y Apsimar hayan fracasado no significa que haya vencido —murmuró uno de los senadores a otro.
— ¡Cállate! ¿Quieres conocer la arena tú también? ¡Dios bendito, aléjate, que creo que nos ha oído!
El emperador comía uvas negras con furia y las esferas maduras estallaban en su boca liberando sus jugos como si fueran sangre. Después, limpió sus manos con un lienzo púrpura que le ofreció un sirviente. Los dos cautivos terminaron la larga vuelta alrededor de la espina central del hipódromo y los guardias a caballo que tiraban de ellos y sus cadenas se detuvieron bajo la vista del palco imperial, desmontaron y les obligaron a arrodillarse.

Exultante, el emperador Justiniano se levantó de su asiento y alzó la mano derecha, exigiendo silencio al populacho. El heraldo, la boca del emperador, levantó la voz para que todos le oyeran. Treinta mil almas callaron, atentas a aquél que hablaba en nombre de quien tenía en sus manos respetar Constantinopla, o destruirla por medio de sus aliados búlgaros.
— ¡El emperador Justiniano, el segundo de su nombre, ha alcanzado la gracia en Dios, y con él, el legítimo trono ha sido restaurado! ¡La sangre de Heraclio y su linaje están destinados a no perecer nunca, y sus enemigos conocerán el castigo destinado a los que se oponen al igual entre los apóstoles! ¡En verdad, el emperador es un elegido por Dios vivo, y en su santa palabra está su justicia y su poder! ¡Subid a los dos reos de traición a la presencia del emperador!

— ¡Mira su rostro, míralo! ¿Acaso crees que no sé lo que está pensando? ¡Sangre y sólo sangre! —continuó entre dientes el primer senador.
— ¡Calla! Va a hablar.

El emperador Justiniano miró hacia su derecha, hacia los dos senadores, que palidecieron, porque, ¿quién podría sostener su mirada al contemplar sus facciones desfiguradas? ¿Quién no le tomaría como reflejo de la Muerte al sentirse petrificado por su rostro anguloso, su sonrisa cruel y la terrible mutilación que había arrancado su nariz de cuajo?

Él recordaba vívidamente el día de su deposición, dos años atrás. El logothete Teodoto y Esteban el persa, su secretario, habían oprimido tanto a los ciudadanos de la capital en su sedienta búsqueda de oro destinado a los delirios de grandeza del emperador, que Leoncio, comandante y miembro de la aristocracia extorsionada hasta la asfixia por los dos codiciosos ministros, se sublevó junto a los pretorianos, y con el apoyo del patriarca y de una facción del hipódromo logró arrebatarle el trono. Justiniano aún sentía el peso terrible de las cadenas, y el peso aún mayor de los salivazos que los aristócratas le arrojaron desde las gradas, las mismas gradas en las que en ese momento se sentaban quienes decían alegrarse de su retorno. Le perdonaron la vida. A cambio, antes de ser decretado su exilio, le mutilaron para siempre y con ello ardió su alma.

Blas Malo (fragmento de "La otra senda", perteneciente a la antología solidaria -donación a Save The Children- y de relatos fantásticos "Leyendas de la caverna profunda"). Por sólo 1 euro. Puedes adquirir esta antología en www.1libro1euro.es




Blas Malo (breve biografía)
Blas Malo (Alcázar de San Juan, Ciudad Real, 1977) vive y escribe en Granada, ciudad de adopción. Ingeniero y lector voraz, y un apasionado de la historia, ha dado conferencias sobre literatura histórica y ha organizado rutas literarias en Granada por los escenarios de sus escritos.
Ha visto publicadas tres de sus novelas con Ediciones B: 'El esclavo de la Al-Hamrá', 'El Mármara en llamas', y "El señor de Castilla".

Su página web donde hallar más información es www.blasmalopoyatos.com

domingo, 22 de febrero de 2015

Viviendo unidos-de Marta Querol


Si hay alguien con una trayectoria inmejorable, esa es sin duda Marta Querol. Como ella misma dice, "comencé a escribir por necesidad, sacando tiempo de las noches en vela para extirpar del alma lo que me oprimía el pecho, y esas líneas me mostraron el camino". Ese impulso le dio un primer fruto: finalista del Premio Planeta del año 2007 con la novela "El final del ave fénix". Desde entonces no ha parado.
En este caso Marta se dignó a escribir un relato corto para la antología "Leyendas de la caverna profunda", aunque el tema fantástico no es lo que ella toca habitualmente. En este caso, sin embargo, como la fantasía tiene esa amplitud tan poco definida en sus límites, cuadra perfectamente. Digamos que la protagonista y Ernesto viven una relación...algo extraña...
Disfrutad de su lectura, pues.


Viviendo unidos

Desde hace un tiempo que no soy capaz de calcular, cada día al levantarme siento que no estoy sola. Bueno, es cierto que no estoy sola, vivo con Ernesto, pero no me refiero a eso porque, cuando me levanto, él nunca está. Madruga mucho. Es una sensación extraña. Cuando voy a incorporarme, la sábana parece abrirse sin que yo llegue a levantarla; las zapatillas se acoplan a mis pies y una cálida sensación me abriga cuando me ciño la bata camino de la cocina.
Soy mujer de costumbres y repito la misma rutina desde hace años, pero ahora esos gestos tienen otra inercia. Tal vez sean imaginaciones mías. Por ejemplo, al ir a poner el pan en la tostadora, me lo encuentro puesto. Pensé que era un detalle de Ernesto antes de irse, como el café que me recibe humeante, pero cuando pienso en bajar la palanca para que comience a tostarse veo que ya está funcionando, sin saber cómo. Es como si cada pensamiento mío se materializara un segundo antes de que vaya a moverme. Desde que habito aquí todo es diferente; si no fuera porque lo percibido me reconforta, me hubiera asustado.
Tan solo me inquieta una cosa, la figura que me devuelven los espejos, pálida y ojerosa, realizando mis movimientos. No veo mi imagen. Al principio era como una nube, o como si el vaho de la ducha se hubiera adherido al espejo adoptando una forma humana. Poco a poco fui percibiendo los rasgos de un hombre que me resultaba familiar. Creo que es un efecto óptico por la luz de este baño, los fluorescentes no me gustan, le dan a todo un baño de frialdad muy feo. No me importa no verme, en realidad no quiero verme. Desde el accidente me da miedo mirarme. Pero no me gusta ese efecto óptico del espejo. La expresión de ese hombre me provoca una honda tristeza que llega a oprimirme la garganta. He querido comentarlo con Ernesto, pero no coincidimos.

Hoy, como siempre, he llegado temprano a la oficina. Las mesas están vacías, con ese orden desordenado en el que se abandonan la víspera cuando todos salen corriendo hacia sus casas; ya no las ocupa nadie. Ya no veo a nadie.

Marta Querol (fragmento de "Viviendo unidos", relato perteneciente a la antología solidaria "Leyendas de la caverna profunda", que podéis conseguir donando sólo 1€ aquí )



Marta Querol (breve biografía)

Marta Querol nace en Valencia y estudia Ciencias Económicas y Empresariales.
El final del ave fénix, su ópera prima, queda finalista en el Premio Planeta de 2007, y se convierte en un bestseller cuando su autora decide publicarla en formato digital.
Columnista en el periódico Las Provincias durante cuatro años, participa en diversas publicaciones, programas de radio y tertulias culturales.

Su cuento El niño que se convirtió en Rey Mago formó parte de la primera antología benéfica Ilusionaria, y su segunda novela Las guerras de Elena ha sido editada por Ediciones B y en 2013 llegó a las librerías, obteniendo un notable éxito de ventas. Actualmente se encuentra inmersa en la tercera parte de la trilogía, aunque todavía no hay fecha de salida.
Para más información, visita su web www.martaquerol.es
También puedes seguirla en las redes sociales: Facebook (Marta Querol Benèch) y twitter (@Marta_Querol).

martes, 3 de febrero de 2015

Lama Sabachthani?- de Daniel A. Franco

Si hay alguien que me ha sorprendido desde que le conocí en los foros varios, es Daniel A. Franco, un médico pediatra estadounidense que se dedica a escribir en sus ratos libres. Siempre me ha sorprendido por su perspicacia e inteligencia, a parte de la facilidad y fluidez de sus escritos.
Supongo que para él esto es un pasatiempo, y ojalá lo siga siendo por muchos años, para que siga deleitándonos con sorpresas literarias como esta.
Pido que os dejéis llevar al mundo de batallas épicas y seres extraterrestres como los que a continuación hallaréis. No tiene desperdicio el relato, perteneciente a la antología "Leyendas de la caverna profunda".

Lama Sabachthani?

Lo veo parado allí, apuntando al firmamento con la hoja de la espada. Entre chispas y centellas, me deslumbra con el brillo ocre del filo cruel del metal, objeto escaso y precioso. Lo único que me viene a la mente es: «¡Maldición!, Nk me salvó de nuevo…».
Como Guardia de la aldea debería estar furioso con Nk, un simple Artesano de Bendiciones, que por tercera vez haya acudido a socorrerme —y de hecho a salvarme la vida— cuando los Quiltros atacaron la empalizada que rodea a la aldea.
Para atacar, los Quiltros antes aprovechaban el resplandor cuando salen las tres lunas llenas, cosa que por fortuna no sucede seguido. Las noches son demasiado oscuras como para merodear en nuestro mundo repleto de barrancos mortíferos, y de día el resplandor azul de nuestra estrella furiosa causa estragos en la piel mutante de esos malditos Quiltros.
Antes, cuando llegaban a atacar, los Quiltros solo trataban de meterse en las alacenas de las granjas para comerse los hongos y verduras que cultivamos en las grietas de los barrancos. De vez en cuando trataban de comerse al ganado. Nuestros rechonchos y lanudos n’t’ks son tan mansos que ni siquiera berrean cuando los Quiltros descienden entre ellos y hacen matanza. No obstante, a lo largo de los últimos diez días ha ido aumentando la fiereza de los Quiltros, llegando al punto en que han atacado aldeas a pesar de que no haya ni una sola luna en el firmamento.
Atacaron nuestra aldea apenas hace cuatro días. Yo estaba haciendo mis rondas nocturnas de vigilancia en las granjas cuando escuché un gran tumulto en las partes altas del barranco, donde tenemos nuestras guaridas. Me apresuré y al llegar allí vi que un grupo de tres o cuatro Quiltros trataban a toda costa de entrar en la cueva donde el clan Ektr’k habitaba. Los mayores se valían de implementos caseros para tratar de repeler el ataque, pero como ninguno de ellos eran Guardias, no contaban con ninguna arma ni con la fortaleza suficiente para defenderse. Vi que en el parapeto de la cueva ya yacían algunos cuerpos, críos entre ellos.

A pesar de que los Quiltros eran peligrosos y mataban sin miramientos a cualquiera que se encontraran a solas, más bien se acobardaban cuando alguno de nosotros, los Guardias de la aldea, los enfrentábamos con nuestras afiladas lanzas y macanas de hueso, y nos rehuían. Este ataque era algo inaudito.
La indignación me llenó más que el temor y arremetí contra los Quiltros. La sorpresa estaba a mi favor, y pude atravesarle la espalda al Quiltro más cercano antes de que se diera cuenta de mi embestida. Pero al escuchar los chillidos agonizantes de mi primera víctima, el resto de ellos giraron para enfrentarme. Me di cuenta de que tendría serios problemas. Todo mi coraje y odio comenzó a esfumarse y comencé a sentir temor. Pero me dije a mí mismo que la Gente dependía de la Guardia para su seguridad, y mi determinación retornó, a pesar de estar consciente de que era muy posible que no sobreviviría esta contienda. Cuando el primer Quiltro se me vino encima, yo resistí lo mejor que pude, asestando fuertes golpes con mi macana y picando con la lanza lo que sea que estuviera a mi alcance.

Daniel A. Franco (fragmento de "Lama Sabachthani?", relato perteneciente a la antología solidaria "Leyendas de la caverna profunda", que podéis conseguir en su versión digital donando sólo 1 € para Save The Children aquí


Daniel A. Franco (Breve biografía)

Es uno de escasos seiscientos y pico intérpretes médicos profesionales con certificación a nivel nacional (del inglés al español); labora en uno de los mayores hospitales pediátricos en los EE. UU.; reside en Dallas-Ft. Worth; está casado y tiene hijos; a veces escribe.
Recientemente ha sacado a la luz una novela titulada "Mister N" que podéis conseguir aquí(aparte de su participación en varias antología como la ya nombrada)
Blog: http://levedesliz.blogspot.com/ Twitter: @levedesliz email: prose.o.plasia@gmail.com