"El mundo no se hizo en el tiempo, sino con el tiempo"

San Agustín

martes, 15 de marzo de 2016

Aliado de las sombras- de J.J Hernández

Si hay un relato donde la moral queda en cuestión es el siguiente, Aliado de las sombras, de J.J Hernández, el autor más joven que participó en la antología solidaria Leyendas de la caverna profunda . Un texto de fantasía, como los que acostumbra a escribir con su pluma gaditana.
¿Para cuándo la siguiente novela, J.J?

Aliado de las sombras (fragmento)
Oscurece, es la hora de empezar a trabajar y tienes que prepararte. Necesitas tomar un trago de algo fuerte que te prepare para lo que debes hacer, así que cruzas las calles embarradas. Nadie te mira, no hay ojos que observen tu silenciosa marcha, eres una sombra en medio de la noche, embozado en una negra capa que te oculta por entero. Nadie puede ver tu pelo castaño, recogido para que no se convierta en una molestia, solo tus ojos, ojos de hielo y casi muertos, eso es todo lo que dejas ver. Avanzas por calles oscuras, en una tierra extraña, lejos de tu hogar, si es que alguna vez hubo algún sitio al que llamar así.
Entras a la posada, atraviesas la puerta sin llamar la atención, manteniendo la vista apartada de los clientes, no deseas que nadie te mire, que nadie te recuerde. Te alejas de los parroquianos mientras estos continúan con sus bebidas y conversaciones. No te interesan, tienes demasiado por delante y no puedes distraerte con necedades, así que escoges una mesa apartada, casi escondida en la penumbra de un rincón.
Sientes los pasos acercarse, tu instinto hace que la mano busque el calor de la empuñadura, el tacto familiar te tranquiliza y miras al frente. Es el dueño quien se acerca con una sonrisa. Apartas la mano del arma, no debes delatarte, aún no.
Prestas atención a los ruidos del local, montones de sonidos diferentes y ninguno te parece una amenaza, por lo que respiras con más tranquilidad ahora.
— ¿Qué le sirvo?
El hombre tiene la voz cascada por los años, lo miras un momento y apartas la vista antes de perderte en su mirada.
—Algo fuerte —dices sin más.
Sus ojos te vigilan con atención, eres un forastero y no puede evitar sentir curiosidad. Te pone nervioso, pero estás acostumbrado, siempre yendo de un lado a otro, escondido dentro de esas ropas oscuras para escapar de las miradas ajenas.
Eres un fantasma para todos, siempre lo has sido.
Cuando el posadero se aleja, te calmas. Ahora solo tienes un nombre en la cabeza: Thomas. Es poco, un nombre acompañado de una escueta descripción y la primera parte del pago, eso es todo lo que te han dado. Es sencillo, cinco mil ahora y cinco mil cuando el trabajo esté terminado. Tu instinto te hace evitar pensar en ello de nuevo, ya has pasado suficientes veces por ello. Thomas no es más que un nombre ahora, no sabes si es un hombre bueno o un diablo, si tiene familia, hijos, padres, amigos…, solo es un nombre.
Un largo trago te devuelve la calma, siempre lo hace, te templa los nervios y calma tus temores.
No en vano te dedicas a esto, diez mil es una suma tentadora, podrás descansar una buena temporada con un pago así, estarás más tranquilo si piensas que Thomas no es más que un nombre con una descripción.
Es tu vida, así la has vivido siempre. La bebida te da calor, pero por mucho que intentas marcar en tu cabeza que no es más que un nombre, sabes que no es así, ya sabes que cuando recibas la segunda parte del pago, te sentirás mucho más vil.
Rompiendo tus propias reglas, dejas que tu mirada recorra la posada, un edificio de piedra y madera, antiguo como la propia ciudad, abarrotado de clientes de animada conversación, lejos de ti. Para ellos no existes, te miran sin lograr verte, y aunque intentan comprender quién eres, en el fondo no desean saberlo.
Tus ojos se detienen, cruzándose con los de una muchacha, una chiquilla de hermosa sonrisa. Tratas de apartar la vista, eres atractivo, pero no tienes tiempo ni deseos de divertirte.
Aunque ya no miras sus ojos, los sigues viendo, clavados en ti, con esa sonrisa pura en sus labios. Te pones nervioso, no te gusta eso que estás viendo, parece que haya reproche en sus ojos. Tal vez sea hija de Thomas, o incluso hermana, prefieres no pensar en ello, no lo logras y te alteras más, sabiendo que aún te mira.
“Ni mujeres ni niños”, piensas. Es la premisa por la que has regido tu vida, la única norma que has seguido durante todos tus años, firme asidero durante el paso de nombres y dinero.

J.J Hernández (si quieres leer el relato entero y otros pertenecientes a "Leyendas de la caverna profunda", la antología solidaria, pincha aquí )


J. J. Hernández (1989) (breve biografía)
He ganado algunos concursos de relato breve a nivel local y regional, y luego empecé a trabajar la novela, generalmente fantasía épica y humor.
Novelas publicadas:
Los Diez Reinos. 1, La Ira Del Dios Oscuro (2009, Eldalie Publicaciones).
Los Diez Reinos. 2, El Vuelo del Dragón Negro (2010, Eldalie Publicaciones).
El Ojo Del Dragón (2013, Ediciones Hades).

Regularmente colaboro con Chorrada Mensual, revista online de corte humorístico que publica relatos de forma periódica.
He colaborado con algunos blogs, dirigiendo algunos ( De este lado de las palabras y Ex Mundo )

martes, 16 de febrero de 2016

Remiendos del pasado (de Marta Sebastián)

Hoy toca chica, y su nombre es Marta Sebastián, la joven autora de Remiendos del pasado, una novela ágil, que se lee de un tirón y que está levantando muchas críticas en las redes, la mayoría positivas (no hay más que ver sus 30 comentarios de 5 estrellas en Amazon...)


REMIENDOS DEL PASADO (fragmento de la novela)

Se despertó de golpe. Sudando. Y durante unos instantes no pudo distinguir nada en la oscuridad que reinaba en la habitación. Tenía la respiración agitada. Su corazón iba extrañamente rápido. Se pasó la mano por el pelo e intentó controlar su propio cuerpo. Poco a poco sus ojos se fueron adaptando a la escasa luz. Miró hacia su derecha. Ella dormía a su lado, plácidamente. La observó en silencio durante unos instantes, luego salió de la cama.
Su guitarra yacía en una esquina de la habitación, mirándole fijamente, expectante. Y él tenía tantas notas flotando por su cabeza y tantos sentimientos encogiéndole el corazón que no lo dudó ni un solo segundo. Cogió la guitarra y salió de la habitación. Se sentó en un sofá del salón y sacó, muy lentamente, la guitarra de la funda.
Era, casi, como un ritual. O, más bien, como un acto de seducción. Como ir desnudándola lentamente. Rozándola, casi sin tocarla. Recorriéndola de arriba abajo. Sintiendo su tacto y reconociendo cada rincón como si fuera una parte de sí mismo.
Y empezó a tocar. La misma canción de siempre. Y no sabía por qué siempre empezaba con esa canción; se había convertido, más que en una rutina, en algo tan intrínseco, tan inconsciente que ni siquiera se lo planteaba.
La música le rodeó, le abrazó con fuerza y delicadeza. Cuando tocaba era como trasladarse a otro mundo, era llenarse de paz pero a la vez de una energía, de una vida, de un remolino que le apretaba el estómago...
No supo cuánto tiempo estuvo tocando, podía pasarse horas con su guitarra, tocando viejas canciones e inventando y componiendo nuevas canciones. Desde que podía recordar su vida había estado ligada a la música. La música era lo más firme, lo más seguro que había tenido... Incluso había conocido al amor de su vida tocando...
Se quedó parado unos instantes tras ese pensamiento que había aparecido de golpe en su mente. Se pasó la mano por el rostro mientras suspiraba, luego sacudió la cabeza y buscó, en la funda de la guitarra, su cuaderno de canciones. Pasó las páginas hasta que llegó a la canción que habían dejado a medias dos días antes. La habían dejado reposar porque habían acabado atascándose en la tercera estrofa pero ahora se sentía lleno de energía, las notas le daban vueltas por la cabeza y tenía ese extraño cosquilleo que le indicaba que estaba inspirado. Justo cuando tocó la primera nota oyó como se abría la puerta del salón; subió la vista y entre las sombras distinguió a Vanessa mirándole fijamente.
─ ¿Qué haces ahí? ¿No has visto la hora que es?
─ Me he despertado y no podía dormir.
─ Anda, ven a la cama... No es hora de tocar la guitarrita.
Vanessa desapareció entre las sombras del pasillo. Carlos suspiró, miró la canción escrita en el cuaderno y después lo guardó, junto a la guitarra, en su funda. No quería que Vanessa se mosquease y empezaran ya mal el día.
Dejó la guitarra apoyada en una pared del salón y se fue al dormitorio. Vanessa se había vuelto a meter en la cama y le daba la espalda. Ya se debía haber cabreado. Carlos suspiró y se metió en la cama. Se acercó a Vanessa y le dio un beso en el pelo.
─ Mañana tenemos que ir a cenar a casa de mis padres.
─ Mañana tengo ensayo.
Se hizo el silencio durante unos segundos. Carlos notaba la respiración agitada de su pareja, le pasó la mano por el brazo para tranquilizarla. La oyó suspirar.
─ Voy a buscarte al local y nos vamos directamente.
─ Vale.
Carlos sabía que Vanessa no iba a decir nada más y él tampoco tenía muchas ganas de seguir con esa conversación. Le dio otro beso en el pelo, se dio la vuelta e intentó volver a dormirse.

Marta Sebastián





Marta Sebastián (breve biografía)

Nació en 1981 en Madrid, ciudad de la que se declara profundamente enamorada. De procedencia gallega, se siente muy unida a esa tierra.

Estudió magisterio de inglés, carrera que abandonó temporalmente para realizar un voluntariado de 6 meses en Mozambique y trabajar durante año y medio en Barcelona en una ONG en proyectos de formación al profesorado en Mozambique. Actualmente cursa Pedagogía por la UNED.

Escribe desde pequeña, pero hasta ahora no se había decidido a dar el paso definitivo. Se decide por la autopublicación con Círculo Rojo. Remiendos del pasado es su primera novela publicada.

Muy activa en las redes sociales puedes encontrarla sobre todo en twitter (@martasebastian), facebook (https://www.facebook.com/MartaSebastianP) o en su página web (www.martasebastian.com)

miércoles, 3 de febrero de 2016

Fruta desperdiciada- por Ricardo Guadalupe

Fruta desperdiciada

Entré sola a su apartamento en liberty city al día siguiente de que se la llevaran.
Un policía me había localizado y entregado sus objetos personales en una caja de zapatos, mientras me daba un pésame intercalado con el canturreo de los avisos que emitía su radiotransmisor.
Seguí las indicaciones del agente hasta encontrarme en un piso soterrado de un edificio situado a dos calles de la avenida Broadway. El suelo era de moqueta, y aquí y allá permanecían esparcidas naranjas y manzanas con las que debió rodar al caer muerta. Me imaginé las vueltas de las piezas de fruta y el simultáneo vaivén de su mirada de la pared al suelo y del suelo finalmente a la pared. Y entonces tragué saliva al darme cuenta de su última visión. Fotografías en blanco y negro empapelaban las paredes por completo; Imágenes de su juventud, ora en bikini, ora de largo, y en las que destacaban sobremanera sus ojos, de pestañas encrespadas, cejas tupidas, párpados firmes. Eran cientos de copias estáticas de sus ojos. Siempre anteriores a los veintitrés años, edad en que me tuvo a mí.
Mi tío estaba en lo cierto, mi madre y yo tuvimos de jóvenes los mismos ojos. Unos ojos que en mí, ella rehuía: Me hacía llevar gafas oscuras y castigaba de cara a la pared. También conseguía evitarlos en mi cuarto, donde sólo entraba con las luces apagadas. Pero una mañana los enfrenté a su mirada: Sentada sobre ella a horcajadas la desperté retirándole el antifaz que se ajustaba para dormir. Sus ojos de hucha vieron en los míos dos manecillas que giraban hasta poner en hora su propio reloj del tiempo. Creo que fue ese el día en que decidió desaparecer hacia las entrañas de liberty city.
Ahora volvía a ver sus ojos por medio de esas ajadas fotografías. Agaché, algo incómoda, la mirada, y salí del apartamento. Ya afuera, quise humedecer la garganta en un puesto de refrescos. Cuando abrí la cartera asomó el retrato de mi hija de diez años. Tiene mis mismos ojos. Aunque, afortunadamente, no los puedo apreciar bien. Dos certeros alfilerazos en la foto los agujerearon.

Ricardo Guadalupe
Puedes encontrar más sobre este estupendo autor en:
escritores.org
tienesmipalabra.blogspor.com.es

jueves, 21 de enero de 2016

I Encuentro de Autores Independientes de Aranjuez

El sábado día 12 del mes 12 (del 2015) a las 12:00 en punto, como si hubiese sido calculado adrede, se realizó el "Primer Encuentro de autores independientes en la localidad de Aranjuez", en el conocido restaurante El Rana Verde, con cuatro escritores que han apostado por esa independencia. Una jornada agradable, con sorpresas teatrales y consumición gratuita a los asistentes. Mala hora y mal día, decían algunos, por las fechas y la cantidad de eventos alternativos que se habían confabulado para realizarse incluso a la misma hora. Se superó el obstáculo con creces, ya que fueron bastantes los que se añadieron para escuchar la palabra de estos "aventureros" y amantes de la palabra, moderados por el reconocido periodista local Ricardo Lorenzo.
El encargado de amenizar teatralmente la mañana fue un actor llamado Daniel Rovalher, perteneciente al grupo de teatro Ron lalá, de gran éxito en las carteleras (actualmente con "Cervantina", en el Teatro de la Comedia) , no sólo españolas sino de Europa, Latinoamérica e incluso con una gira por EEUU a las espaldas. Un personaje del siglo de oro español que encantó y refrescó al público durante un buen rato, dando paso al evento en sí, que duró, fuera de toda probabilidad, bastante más de lo pensado a causa de las numerosas preguntas de los asistentes.

El encargado de la música fue el compositor Alberto R. Valhermoso, autor de las bandas sonoras de multitud de cortometrajes y mediometrajes, así como de obras de teatro entre las que destaca, por ejemplo, el Motín de Aranjuez (fiesta de carácter Internacional para el que no lo conozca) y su representación anual.

No obstante, en cuanto al evento en sí mismo y su denominación, algunos se empeñan en nombrar mejor como "indies" a los "independientes", ya que este término continua poniendo nerviosos a muchos, editores o libreros que miran con cierto desdén o desconfianza, e incluso algún lector conservador que prefiere lo que le aconsejen "profesionales" del libro. Se vivió algún puntal de tensión en este sentido; la sombra del gigante Amazon, el enorme acaparador del negocio del libro, se cierne peligrosamente y es considerado por muchos el causante de la bajada de ventas en el sector y en la quiebra de librerías y editoriales. Lo curioso es que la culpa de todo, según escuché y leí en alguna ocasión, la tienen los "independientes", en fin...Por cierto, palabra que incluso muestran con "vergüenza" ciertos autores, ya que se ocultan en mal llamadas editoriales que son más bien, y en exclusiva, imprentas a las que pagas por que te publiquen. Tener un "sello editorial" tranquiliza y da confianza, por qué no negarlo, incluso a escritores. Pero hablamos, entonces, de apariencia, de nada más.

Dejando desvaríos y continuando con el encuentro, después del ameno refrigerio teatral y "Cervantino" se sucedieron la proyección de vídeos varios, entre los cuales se encontraba uno que envió expresamente la escritora hispana que más ha vendido en la historia: Blanca Miosi, que se prestó gustosamente a compartir su experiencia y enriqueció la jornada. De hecho, el evento se prologó una hora más de lo previsto, y hubo que concluirlo de un modo u otro so pena de prolongarse más aún con la intervención del público entregado.

Tras varias reflexiones "post-eventuales", cabe determinar si la jornada sirvió de algo o no. ¿Valió la pena todo el esfuerzo y tiempo dedicado? ¿Cambió el panorama del autor novel e independiente? ¿Superfluo e innecesario un encuentro de estas características? ¿Se volatilizará con el tiempo o servirá de base a otros? ¿Quedará ninguneado como otros muchos? ¿Simple muestra del "ego del escritor", por otro lado siempre presente?
Preguntas y dudas que me asaltan según pasan los días. A veces contestadas, a veces recapituladas, supongo que solo el tiempo tiene la respuesta. Y, como siempre, el lector, que es el que realmente importa y hacia quienes vamos dirigidos los que escribimos y deseamos publicar.
Lo que está claro es que el panorama está cambiando y las riendas no las llevan los de siempre. Empresas nuevas surgen para reemplazar a otras caídas, quizás obsoletas o muertas por cansancio. En el mundo del libro triunfará quien logre captar y adaptarse antes al cambio, a las necesidades del público y de los autores, que son la materia prima, por qué no decirlo. Y, en este caso, creo firmemente que los indies o independientes (como creo que deberían llamarse ya sin tapujos), tienen algo muy importante que aportar.


Autores presentes en el Encuentro:
David Cañaveral que además formó parte de la organización del evento. Novel como los demás, posee ya dos novelas en el aire, una de las cuales es ya parte de saga ("El triángulo escaleno" y "Dados de cristal"). Autor lleno de ilusión, es todo un ejemplo a seguir en cuanto a compañerismo se refiere. Noa Velasco, joven escritor volcado en la fantasía clasica de espada y brujería, es también ilustrador nato. Prueba son los numerosos trabajos y proyectos donde aúna sus dos placeres, así como su primera novela "Kelvalad, la espada oscura", cuya portada la realizó él mismo y de modo más que correcto. Alberto Lominchar, excelente poeta y novelista, se define más como un amante de la historia, en especial del siglo XIX. Con varios libros de poesía y dos novelas ("Numancia contra el tirano" y "El hombre bueno que supo hablar"), aprovechó el evento para mostrar en exclusiva su último trabajo "Pequeños retazos de historia arancetana": una recopilación de textos y relatos de corte histórico sobre la villa de Aranjuez, Real Sitio durante siglos. Durante años, estos relatos cortos iluminaron con calidad una conocida revista local de gran difusión.
Por último el que suscribe, Javier G. Valverde, otro de los sufridos organizadores, con una sóla novela publicada ("La leyenda del bosque que nunca existió") y creador de la antología solidaria "Leyendas de la caverna profunda" disponible en www.1libro1euro.es.

lunes, 11 de enero de 2016

Aromas- de Ana Fúster

Ana Fúster es una escritora a la que, por lo poco que sé, le encanta experimentar en la literatura, sobre todo en microrrelatos. Profesora de escuela de idiomas y filóloga, nunca ha abandonado por otra parte la poesía, de la que posee varios premios.
Este relato de corte fantástico, como todos los de la antología solidaria "Leyendas de la caverna profunda", no parece tal en principio; pero no nos engañemos: puede observarse en varias ocasiones un interesante experimento en cuanto a juegos de palabras se refiere. Dicho queda.
Ah, el jazmín...

Aromas
Mientras conducía de vuelta a casa, Violeta no paraba de dar vueltas en la cabeza a qué pensaría hacer Javier. El día anterior le había dicho, "Mañana hacemos cuatro meses, mi niña. Quiero que sea especial". Aquel "mi niña" que Javier había usado para dirigirse a ella desde la primera noche cada vez se integraba más en su vida y se le hacía más cercano e imprescindible. Se había enamorado de él desde el primer segundo en que lo vio, rompiendo así la norma que tiempo atrás se había impuesto a causa de una mala experiencia: "Nunca en la primera noche". Desde luego no se arrepentía de haberse dejado llevar por el impulso, la corazonada y el deseo surgidos en ella aquella tarde en la terraza bajo los naranjos en flor, pues había encontrado en él todo lo que siempre había buscado en sus anteriores parejas y jamás había tenido: no sólo era comprensivo, cariñoso y sociable, sino que poseía un sentido del humor agudo e inteligente y una gran imaginación que le convertían en una persona junto a la cual era imposible aburrirse. Compartían bastantes gustos y aficiones, como una pasión por el jazz que les había llevado a disfrutar muchas veladas junto a Satchmo, Ella, Dizzie y Django. Y para que el gozo fuese completo, él era un genio en las dos cosas que Violeta encontraba más difíciles en este mundo, la cocina y el bricolaje casero. Sí, era una chica con suerte. Lo único que ensombrecía su felicidad recién estrenada era el dichoso problema de la casa.

Aparcó el coche frente a la puerta. Pensó que era preferible a meterlo en el garaje, pues suponía que lo tendría que volver a usar dentro de poco, ya que Javier le había dicho que al salir del trabajo se fuese a casa, que él la llamaría al móvil en cuanto estuviese listo. Abrió la puerta de la verja y entró al jardín, pero cuando subía los escalones del porche algo llamó su atención: la parte inferior del jazminero estaba completamente despojada de jazmines. Miró al suelo, buscándolos, pero aparte de alguna que otra hoja las losas de la escalera estaban limpias. Hizo un gesto de extrañeza, pero luego pensó que quizá algunos niños del vecindario habían saltado la valla y habían estado robando jazmines para regalar a sus madres, y de nuevo volvió a centrar sus pensamientos en la sorpresa que la esperaba esa noche. Abrió la puerta y nada más entrar se detuvo en seco.

El ambiente fresco delataba que el aire acondicionado ya llevaba un rato funcionando. Todo estaba en penumbra, pues las persianas estaban medio bajadas y las cortinas corridas, pero aún así se podía ver que la mesa del comedor había sido dispuesta con esmero para una cena romántica. Una mantelería color burdeos que ella nunca había visto antes cubría el tablero, sobre el cual alguien había colocado las servilletas, los cubiertos, las copas, los platos blancos que destacaban sobre el rojo vino de la tela, dos esbeltos candelabros de cristal con velas a tono con el mantel y, en el centro, una bandejita ovalada llena a rebosar de jazmines. La boca de Violeta se abrió en un gesto de asombro que inmediatamente se convirtió en sonrisa. ¡Así que eso era! Este chico nunca dejaba de sorprenderla. Pero lo más asombroso de todo era que el hedor había desaparecido. Violeta aspiró profundamente, pero lo único que alcanzó a percibir fue el delicioso aroma que exhalaban los jazmines sobre la mesa. ¡Era increíble! ¿Cómo lo había logrado? Llamó a Javier varias veces pero su voz no obtuvo respuesta. Avanzó hacia la escalera y quedó atónita ante el espectáculo: junto a la pared, cada tres escalones había encendida una pequeña vela de las que se utilizan para mantener calientes las teteras, como marcando el camino hacia arriba, y en cada escalón central de los tres un minúsculo montoncito de jazmines. Violeta, nerviosa y encantada, volvió a llamar a Javier, pero de nuevo no hubo respuesta, así que suponiendo que él la aguardaba en el dormitorio comenzó a subir la escalera despacio, recreándose en la magia del espectáculo que había convertido las anodinas escaleras de su propia casa en el escenario de un cuento.

Ana Fúster (fragmento de "Aromas", perteneciente a Leyendas de la caverna profunda . Por sólo 1€ para Save The Children te llevas la antología y todos los libros que desees de esta página. )



Ana Fúster (breve biografía)

Nací en Cartagena, donde trabajo como profesora de inglés en la enseñanza pública. La escritura me aporta aprendizaje, pulveriza la rutina, me permite asomarme a otros mundos y me ha traído amistades, así que no me imagino sin ella. Algunos de mis textos han sido ganadores o finalistas en certámenes de microrrelatos como Esta Noche Te Cuento, La Microbiblioteca, El Secreter o el Encuentro Literario de Autores en Cartagena, y han aparecido en varias antologías y revistas. También colaboré en la sección “Inglés para cinéfilos” de la Revista Salitre de Alicante, y ahora lo hago en "Amanece Metrópolis", también de la misma localidad.

lunes, 7 de diciembre de 2015

David Cañaveral, un novel que promete: El triángulo escaleno

Como reto especial, he decidido cambiar de registro en esta ocasión y volver a entrevistar a autores. Espero que me perdonen mi atrevimiento los verdaderos periodistas que caigan en estas páginas, si es que cae alguno, ya que mi labor es sólo dar más a conocer a escritores que luchan por obtener su lugar. Creo que éste es uno de los que se lo merece.

David Cañaveral es un joven con dos novelas en su haber, pero cargado de nuevas ideas que se agolpan por salir de su amueblada mente. Con el próximo y cercano PRIMER ENCUENTRO DE AUTORES INDEPENDIENTES, que ocurrirá en breve en la localidad de Aranjuez (Madrid) y donde David tendrá cabida junto a otros tantos autores, aprovecho la entrevista realizada sobre "El triángulo escaleno", su primera novela.
Espero que os aclare más sobre su persona y esta obra de fantasía diferente. Que lo disfrutéis.
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El triángulo escaleno es una novela compleja, pero muy bien hilvanada. Aunque supongo que la cuestión no es muy original, no puedo dejar de preguntarte: ¿cuál fue el germen?

Reconozco que lo he pensado en muchas ocasiones desde que empecé la promoción del libro, el año pasado, pero ya ni me acuerdo de cuándo fue el momento exacto. Sí sé que fue hace más de diez años. La idea de la equivalencia entre los personajes (cada uno de ellos se reencarna en las tres épocas de la novela: 1431, 2007 y 2403) fue lo primero que germinó en mi cabeza. La trama del presente y la del pasado, y sus conexiones, estuvieron claras desde el principio. Pronto surgió la historia del futuro. Surgió así un escrito de tres caras, con la síntesis de todo lo que se me iba ocurriendo y la estructura, que la tuve clara. De las primeras cosas que recuerdo haber visto en mi mente fue el giro argumental del final de la primera parte.


Se trata de un libro con tres historias hilvanadas mediante un fuerte nexo, ¿te resultó difícil crear las distintas épocas? ¿Cómo fue el proceso de unión entre ellas?

Fue complicado. Ese primer escrito de tres páginas luego pasó a ser un resumen de cincuenta en el que formé el primer armazón de la estructura: las tres partes y los capítulos que componen cada una. Sabía cuáles eran los nudos que quería que sucedieran entre las tres historias, sobre todo al final de cada parte. Las tres épocas tuvieron su factor de complicación. En la de 2007, lo más complejo era plasmar una fidelidad suficiente, dentro de las licencias oportunas, un sitio real y, además, precioso: la isla de Lanzarote y, en menor medida, la de Gran Canaria. La trama de 1431 entrañaba el reto de hacer creíble ese reino olvidado en un universo paralelo que, aún así, se parece mucho al nuestro y que, siguiendo las pistas, el lector puede ubicar en el mapa. Y 2403 suponía imaginar un futuro que, aunque con cierta libertad, debía ser verosímil también. A la hora de unir las historias, que se van intercalando en el libro, tuve que ser muy cuidadoso y, de hecho, tuve que cambiar el orden de unos capítulos porque no tenía sentido que el lector se enterara de algunas cosas antes de una historia que en otra.


Gabriel, Alejandro, Anwar, Dora, Eternia, Aldemar...está claro que los nombres de los personajes están muy pensados y tienen personalidad propia. ¿Fueron primero ellos o lo que representaba cada uno? ¿Cómo fue el proceso de selección de estos nombres?

Lo primero eran los personajes en sí, sus caracteres y el destino al que se enfrentarían, no solo en una trama, sino en las tres en común. Todos tienen paralelismos con sus equivalentes en otras encarnaciones. Cada personaje tenía una función. Eso era fundamental. A partir de ahí, busqué nombres. Deseaba que el significado de los nombres en sí entroncara directa o indirectamente con sus personalidades y sus designios. Apunté montones y montones de nombres. Para 2007, fui más libre. Simplemente escogí nombres habituales hoy día que cuadraran con los personajes. Para 1431, intenté imprimir una pátina de antigüedad. Para 2403, busqué exotismo, nombres que no nos sonaran corrientes desde nuestro punto de vista.


Aunque comentas en cierto momento tu semejanza con alguno de los personajes, masculino en este caso, háblame de la importante carga femenina de la novela. ¿Te costó meterte en la piel de Carol o Dora, por ejemplo? ¿Qué personaje te fue más difícil?

Me esforcé por hacerles justicia, por conseguir que quedara clara una idea que siempre fue mi intención: que los personajes femeninos de esta novela eran todos mujeres fuertes que, en más de una ocasión, no solo se enfrentan a destinos muy duros, sino que son ellas quienes conducen a los hombres a las misiones que deben encarar. Puede que Dora, y sus equivalentes del pasado y el futuro, fuesen las más complicadas. Necesitaba que cuando el lector descubriera el lazo que les unía las comprendiera, que entendiera sus decisiones, sus acciones. En realidad, en Dora y sus “compañeras del alma” reside gran parte de la clave de la novela. En general, los personajes del presente fueron más complicados porque debían hacer que el lector se identificara.


El Mal se concentra en la novela en “la sombra”, el Mahlá, cuya descripción me parece soberbia. ¿Por qué escogiste estas características?

¡Gracias! Las palabras, a veces, surgen así, aunque es cierto que en esta novela me esforcé por conseguir que el texto transmitiera cierta profundidad. (En mi siguiente novela, por ejemplo, creo que he sido más directo, mucho menos descriptivo, más entregado a la acción). En concreto, Mahlá, la sombra, era fundamental. La idea central del libro es que somos responsable de las acciones que hacemos. El karma, tarde o temprano, aunque sea en otra visa, nos premia o nos castiga. Y Mahlá era la muestra de la corrupción total del alma, llena de inquina y avaricia. Es la materialización de aquello contra lo que luchan los personajes en la batalla final.


Y ahora, hablando del autor, dime qué clase de novelas te interesa más como lectura y qué escritores te llaman más la atención. ¿Alguna historia, por cierto, te ha inspirado en parte para acometer alguna de tus novelas?

Normalmente, no busco un género o un estilo concreto. Más que escritores, me llenan novelas. Me suele gustar aquello que me engancha, que me intriga. El suspense me parece esencial y, en mi opinión, el suspense puede estar en cualquier género: fantasía, policíaca, romántica, etc. En cuanto a inspiraciones, en el caso de El triángulo escaleno, escribirla fue un proceso largo, más de cinco años, en el que pasé por varias etapas. La mayoría de lo que me inspiraba procedía de la fantasía. Al final, mi empeño fue que la fantasía fuera cercana, que el lector dijera: esto que estoy leyendo podría pasarme a mí, ¿qué haría yo en esta misma situación?

¡Gracias!




David F. Cañaveral nació en 1983 en Madrid y es Técnico Superior en Imagen para el Diagnóstico, campo de profunda vocación personal en el que actualmente tiene la suerte de trabajar. Es escritor sobre todas las cosas. “El triángulo escaleno”, su primera novela, se publicó en 2014. En 2015 ha salido a la luz “Dados de cristal”, el primer volumen de “Ciudad Fortuna”, una nueva serie de misterio y fantasía.
Puedes saber más sobre él en:
www.davidfcanaveral.com
Twitter: @DavidFCanaveral
Facebook: www.facebook.com/davidfcanaveralescritor

lunes, 30 de noviembre de 2015

El extraño caso de Antonio- de Jesús García Lorenzo

Jesús García es un escritor versado en relato corto impactante, cargado de giros originales y buenas historias. Tuve la suerte de contar con él para la antología solidaria Leyendas de la caverna profunda con uno de sus cuentos, en este caso uno de los más cómicos de la misma. En la contraposición se encuentra la riqueza, y aquí no se quedó corto.
Hace meses, al final, decidió recoger gran parte de estos relatos suyos, especiales para "trayectos cortos", como gusta decir el autor, y publicó su antología Brelatos
Animo encarecidamente a que la adquiráis de un modo u otro; estoy seguro de que disfrutaréis.


El extraño caso de Antonio (fragmento)

Una mañana, fría y amenazante de lluvia, Antonio se encaminó, como era su costumbre, a la cafetería para desayunar. Al doblar la esquina una espesa niebla lo rodeó, y nunca más se supo. Había desaparecido.
Al no saber nada de él, los compañeros de trabajo, extrañados, denunciaron su desaparición. Se comenzó entonces una búsqueda exhaustiva por todo el término municipal. La policía usó sus perros, los vecinos y conocidos fueron organizados en patrullas, todos estuvieron ojo avizor para encontrar una pequeña e insignificante pista que pudiera dar con el paradero de Antonio. Pasaron los días y poco a poco se fue reduciendo la búsqueda. La Ley de desaparecidos fue adquiriendo fuerza, y los investigadores judiciales dieron carpetazo al asunto, archivando el caso con la coletilla de: “Sin resolver”.
Pasaron dos años, y cuando todo el pueblo ya se había olvidado del caso, una mañana de otoño apareció Antonio en la cafetería Buen Día, pidió una taza de café largo cortado de leche y una magdalena. El camarero le sirvió el desayuno. Al terminar su desayuno y pedir que lo anotara en su cuenta el camarero lo reconoció. Sorprendido quedó sin habla. Tanto que no supo qué hacer. Quedó observando cómo Antonio abandonaba la cafetería dirección a la estafeta de correos.
Sin pensárselo un momento el camarero siguió sus pasos, no sin antes decirle a su mujer que volvía enseguida. Desde la acera de enfrente lo vio entrar en la estafeta a las nueve en punto; como era habitual en él. Cruzó la calle y empujó la puerta, pero estaba cerrada, miró a través del cristal y vio cómo las luces fluorescentes iban encendiéndose una tras otra. De repente un funcionario de la oficina se presentó al otro lado de la puerta. El camarero, que no lo vio acercarse, retrocedió unos pasos por el susto. El funcionario le señaló el cartel que colgaba en medio del cristal y donde se podía leer: «Cerrado».
—Hasta las nueve y media no se abre. —Gritó el empleado público.
—Acaba de entrar…
— ¿Entrar? Nadie. Aquí no ha entrado nadie. Vuelva luego.
Sorprendido por la contestación del funcionario se volvió a la cafetería. Mientras cruzaba la calle se preguntaba cómo no podían haberlo visto entrar. Se paró en la acera de enfrente, justo desde donde lo vio cruzar la puerta. Además, le había servido el desayuno. Recordó de pronto que había dos clientes en la barra cuando sucedió. Comenzó a correr para preguntarles antes de que se fueran.
Al llegar, su mujer, que entraba y salía de la cocina, le preguntó, recriminándole, dónde se había ido. No contestó, se limitó a dar un vistazo rápido al local buscando los clientes de la barra. Se habían marchado.
—Si buscas a los clientes que estaban desayunando les he cobrado yo.
— ¿Tú has visto aquí en la barra a Antonio esta mañana?
— ¿A quién? ¿Al que desapareció hace dos años?
— ¡Justo, ése!
— ¿Qué pasa, se ha ido sin pagar?
El camarero le contó lo sucedido, y su mujer lo miró, movió la cabeza y se volvió a la cocina.
A la mañana siguiente, a la misma hora apareció otra vez Antonio. Cuando, de espaldas, le oyó pedir el mismo desayuno, reconoció la voz, o quiso reconocerla. Al volverse lo vio salir dirección a la estafeta. Sin perder un momento salió detrás de la barra y lo siguió. En el mismo lugar que el día anterior se paró y observó como abría la puerta de la oficina, pero antes de entrar Antonio se volvió hacia el camarero y le dedicó una sonrisa. El camarero se deshizo del mandil y se quedó esperando media hora a que abrieran la estafeta. Al entrar recorrió con su mirada todo el establecimiento hasta que encontró a Antonio. Estaba sentado en una mesa realizando el trabajo de clasificación de cartas postales.
El camarero quedó allí parado en medio, sin poder apartar la vista de Antonio. Un funcionario se le acercó, y él le señaló hacia el lugar donde se encontraba Antonio.
—Allí no hay nadie.
— ¿Nadie? —Dijo el camarero— ¡Pero si lo estoy viendo!
Antonio dejó de clasificar cartas, levantó la cabeza y le dedicó una sonrisa. En ese preciso instante el camarero cayó redondo al suelo. Cuando llegó el médico, tan sólo pudo dictaminar el fallecimiento.
Pasaron dos años más, y la cafetería Buen Día cerraba sus puertas todas las noches a las once; el nuevo dueño no veía motivo para estar abierto más allá de esa hora, pues nadie acudía. Esa noche sin embargo se presentó un cliente pidiendo un café con leche. El nuevo dueño del local le informó del cierre, pero no quiso problemas y le sirvió el café con leche. Al terminar el cliente le pagó, y antes de irse le agradeció que mantuviera su local en buen estado, y desapareció en la oscuridad.
A la mañana siguiente a las ocho de la mañana aparecía en la cafetería Buen Día, pidiendo un desayuno, Antonio. El café estaba medio lleno y hubo dos clientes que lo reconocieron. Nadie le dijo nada. Al terminar el desayuno vieron como se dirigía a su antiguo lugar de trabajo. Uno de los clientes llamó a la policía antes de ir a la estafeta. No tardó en aparecer un coche policial en el café y otro en la estafeta. Al momento el juez de guardia levantaba dos cadáveres, uno en cada sitio.

Jesús García Lorenzo (continúa el relato en "Leyendas de la caverna profunda")



Jesús García Lorenzo (breve biografía literaria)

Primer premio del 8º concurso de relato corto de El coloquio de los perros, en Montilla (Córdoba).
Ganador de la mención de honor del 1º concurso de Prosófagos (foro literario internacional).
Ha colaborado en la publicación del libro de cuentos Necroslogía, una antología de la muerte.
Finalista Marítimo Portuario del XI Certamen de Narrativa Corta “Carmen Martín Gaite”
Ha publicado cuentos y artículos en la revista literaria virtual de Prosofagia.
Publica en su blog “Luz y papel” cuentos cortos.
En 2015 salió a la luz Brelatos , libro donde recopiló gran parte de estos cuentos de muy diversa índole.