"El mundo no se hizo en el tiempo, sino con el tiempo"

San Agustín

viernes, 10 de junio de 2016

Cuando la bala encontró al deseo- de Javier G. Valverde

Para concluir lo que he realizado durante varios meses, la presentación de cada uno de los relatos que conforman "Leyendas de la caverna profunda", la antología solidaria para con Save The Children, presento el último de los textos, en este caso el mío propio. Fue un enorme placer organizar y reunir a tanto buen escritor para este compendio de interesantes relatos, mi pistoletazo personal en el mundo de la publicación. Un reto que siempre recordaré como algo bonito y complicado a la vez, un recuerdo que me servirá siempre como referencia ante otros que realice, gracias sobre todo a la grandísima ayuda de los que participaron, que me sacaron de dudas y me dieron mil y un apoyos para que la antología se convirtiese en un éxito.
Años después me he percatado que conseguir realizar un proyecto de esta envergadura, y que se respire este buen "rollo" de unión que todavía sigue presente entre todos, por otra parte, es más difícil de lo que uno puede pensarse en principio. Ese "ego del escritor", que en otras ocasiones he presenciado, no lo viví en este caso en ningún momento, y lo puedo asegurar con toda convicción y veracidad. Y animo a quien quiera realizar un proyecto de estas características a que lo deje de lado (el ego, quiero decir), y se ponga manos a la obra con toda la motivación y fuerza de la que sea capaz.
Quiero nombrar, por último, a todos y cada uno de los autores que se unieron desinteresadamente: Anika Lillo, Ramón Muñoz, Alberto Lominchar, Blanca Miosi, Blas Malo, Teo Palacios, Francisco Gijón, Daniel Franco, Jesús García, Marta Querol, Montse de Paz, Ramón Alcaraz, J J Hernández, Álvaro Tato, Javier Pellicer, Ana Fúster y María Martínez. Y no me olvido del dibujante y su excelente ilustración: Enrique Graciani. De todo corazón, gracias a todos.
Tampoco quiero olvidarme de la plataforma www.1libro1euro.es , creada por el escritor Juan Gómez-Jurado, y lugar desde donde se realiza esta donación para Save The Children. Asímismo ahí se pueden hallar éste y otros muchos libros con idéntico fin, el de la solidaridad. Animo a todo el mundo a que la visite.

El fragmento de este último relato de la antología, "Cuando la bala encontró al deseo", fue para mí algo especial y diferente tanto en la ambientación como en la temática, aunque dentro de la fantasía, claro está. De hecho, os diré un secreto que hasta ahora no había comentado nadie: es para mí, de todo lo que he escrito hasta ahora, el título del texto que quizás más me gusta...
Francisco nos cuenta su visión de una batalla de la I Guerra Mundial y la importancia de la foto que lleva de su amada...


Cuando la bala encontró al deseo

Un silbato retumbó por toda la trinchera, y a continuación procedió a elevarse un murmullo. Sujeté el casco y agarré el fusil. Me temblaban las piernas y tragué saliva varias veces. Tan pronto...No podía ser que el capitán...
—Allá vamos, compañero— me dijo un tipo gordo llamado Luc, al que reconocí difícilmente por el barro que tenía en la cara y el uniforme—. Es para que no sepan si soy francés o alemán, por si me cogen.
No supe si lo decía en broma o en serio, pero se me olvidó por momentos el miedo.
— ¿Tú eras el español, no?
Asentí.
—Se nota por el acento, pero no hablas del todo mal— afirmaba terminándose la escudilla y colocándose en posición con su fusil—. ¿Sabes? Me zampé hace mucho el Quijote. Lo has leído, ¿no?

Confirmé de nuevo. La “sopa” de la escudilla se me había quedado atascada incluso en la garganta. Dios, qué mala.
—Cómo era aquello...; mmm, había unas frases que me llamaron la atención al empezar el libro, jajaja, qué bueno. La verdad es que fue grande, el Cervantes ese. Vaya, no me acuerdo ahora, ¿ves algo? No se ve un pimiento —comentaba ahora mirando más allá de la trinchera.
La niebla iba envolviendo todo a pasos agigantados. Ya no se distinguía ni siquiera el barro tras las alambradas a un metro de distancia.
—Ya entiendo por qué se ha decidido el capitán por fin.
El miedo me regresó a las piernas y me apoyé para disimular. Allá adelante había una bala preparada para mí, estaba seguro. No tenía ninguna razón de encontrarme allí, luchando en una guerra que no era la mía. Oh, Rosa, cuánto te echaba de menos.
—“La razón de la sinrazón que a mi razón se hace, de tal manera mi razón enflaquece, que con razón me quejo de la vuestra fermosura”—solté de pronto, pienso que por puro nerviosismo.
—Exacto, chico— se sorprendió el otro—. Vamos, lo supongo, je, je. Te lo sabes muy bien, como español que eres, vaya.
Salí de mi ensimismamiento.
—Bueno, lo cierto es que no creo que lo leamos tanto como deberíamos —expuse algo redicho—. Si salgo de esta, Luc, prometo leérmelo de nuevo y la próxima vez que nos veamos te lo recito entero.
No sabía ni lo que estaba diciendo
—Tampoco te pases, macho —sostuvo riéndose.

Se empezó a captar un sonido, primero débil e in crescendo. Varios aviones de los nuestros aparecieron desde atrás de las trincheras y sobrevolaron por encima de nosotros hacia territorio enemigo. Eso me regaló fuerzas.

—Aprieta los dientes y no te separes del fusil, por tu padre, porque vamos para allá seguro. Sígueme, hay una roca a diez metros hacia la izquierda.
Yo asentí. La foto… no debía perderla.
El sargento dio una voz y todos nos preparamos contra el borde, dispuestos a saltar hacia delante. Rosa, te quiero.
Se escuchó un silbato prolongado. Ahora.

Javier G Valverde (fragmento de "Cuando la bala encontró al deseo", de la antología "Leyendas de la caverna profunda" que puedes conseguir sólo donando 1€)



Javier G. Valverde (breve biografía)

Amante de la naturaleza y la Historia, estudió sin embargo Ingeniería. Redactor y participante en diversas revistas literarias no profesionales, ha colaborado además en alguna profesional a nivel técnico (Parques y Jardines).
Creador y organizador de la antología de relatos fantásticos Leyendas de la Caverna Profunda (2012) destinada a la donación íntegra para la plataforma solidaria “Save the Children”. (www.1libro1euro.es )
Participante en la Antología #FFF Historias del dragón (2013) de la Editorial Kelonia, también con fines benéficos.
Creador del relato original, aparte de coguionista y coproductor del mediometraje de suspense La hora de los pájaros (2014), actualmente en youtube.
Coorganizador y participante en el I Encuentro de Autores Independientes de Aranjuez (2015)
Primer premio en el “I Concurso de relatos cortos sobre exclusión social y solidaridad”. Universidad Carlos III, Campus de Colmenarejo (Madrid) (2016)

La leyenda del bosque que nunca existió es su primera novela, cuya página web es www.laleyendadelbosque.com
Para contactar con el autor: laleyendadelbosque@gmail.com

lunes, 9 de mayo de 2016

Hechizo- de Ramón Muñoz


Si hablamos de uno de los relatos más inquietantes que pertenecen a "Leyendas de la caverna profunda" (de venta en www.1libro1euro.es )ese es sin ninguna duda el que a continuación expongo, "Hechizo". Ramón Muñoz lo cedió gustosamente y demostró una vez más su buena técnica narrativa, concisa y muy bien escrita. Ingeniero y escritor de varias novelas de corte histórico, en este caso se atrevió con un cuento "infantil, de los de antes", como él ha dicho en alguna ocasión. Para mí, sencillamente, un texto genial.
Aunque el lector que se atreva debe estar preparado...lo advierto.

HECHIZO (fragmento)
La primera vez que Peluso mató a mamá estábamos jugando los tres en el salón.
Antes jugábamos en nuestro cuarto pero ahora nuestro cuarto es de Peluso y ya no podemos subir a jugar. Oímos un grito. Subimos a ver lo que pasaba y nos encontramos a mamá tirada en el pasillo. Parecía dormida, aunque nos dimos cuenta enseguida de que no lo estaba porque tenía abiertos los ojos y la boca. Chusín se echó a llorar, y Martita se echó a llorar. A mí también me entraron ganas de llorar, pero me mordí los labios con mucha fuerza y no lloré. Les dije que había que llevársela de allí. Peluso volvería pronto y haría cosas malas con mamá. Yo lo sabía porque había espiado varias veces a Peluso, al principio, cuando estaba empezando a cambiar, y había visto las cosas que le hacía a la gente que atrapaba en la trampa de fuera.
Cogimos a mamá por la cabeza y por las piernas y la bajamos por la escalera. Como pesaba mucho a veces se nos escapaba y teníamos que bajar corriendo para detenerla. Al final llegamos al último escalón y descansamos un ratito. Luego arrastramos a mamá por el salón. La sacamos por la puerta de cristal que da al jardín y la llevamos hasta debajo del olmo viejo. A ella le gustaba el olmo viejo. En verano sacaba una silla plegable y leía un libro en la sombra.
Cuando llegamos al jardín nos dimos cuenta de que había que hacer un agujero grande para que entrase toda dentro. La pala de papá estaba en el cobertizo pero el cobertizo estaba cerrado. Chusín y Martita trajeron sus palas de plástico y estuvimos intentado hacer un agujero hasta que las palas se rompieron porque la tierra estaba muy dura. Entonces decidimos que si no podíamos enterrar a mamá por lo menos la esconderíamos. Fuimos a buscar hojas y ramas y periódicos viejos y la escondimos muy bien. Sólo se veía un tacón del zapato y echamos arena encima hasta que desapareció del todo.
Mamá volvió una semana después. Era igual que antes sólo que estaba siempre cansada. Intentaba arreglar la cocina y enseguida se sentaba en una silla y se ponía a mirar a la pared, aunque papá todavía no estaba colgado en la pared. Estaba horas y horas mirando a la pared y al final salía de la cocina y subía los escalones muy despacio. Muy, muy despacio. Se metía en su cuarto y cerraba la puerta, y ya no la veíamos hasta que al día siguiente venía a hacernos el desayuno. Sacaba unas naranjas de la nevera para hacernos un zumo, pero el esfuerzo de cortar las naranjas y exprimirlas era demasiado para ella y terminaba dándonos un vaso de leche y galletas. Luego se sentaba y dejaba de prestarnos atención. Ni siquiera se había quitado las hojas secas del pelo.
A partir de entonces tuvimos que cuidarnos solos. Fue bastante duro porque los mellizos eran pequeños y yo también era pequeña, nada más que dos años mayor que ellos, y no sabíamos hacer casi nada. Pasamos hambre y sed, y nos ensuciábamos y nadie nos limpiaba. Con el tiempo aprendimos a preparar una comida y a limpiarnos con el papel de cocina. No lo hacíamos bien. Comíamos siempre lo mismo, porque era fácil de preparar, y cuando me miraba al espejo de la entrada me veía sucia y hecha un asco. Olíamos mal. Pero estábamos vivos. Seguíamos vivos.
Ramón Muñoz (fragmento de "Hechizo", relato perteneciente a la antología solidaria "Leyendas de la caverna profunda")

Ramón Muñoz (breve biografía)
(Madrid, 1971)
Como escritor ha publicado varias novelas históricas, la última de las cuales el año 2015, titulada "El Señor de Madrid" (Ediciones Pamiès) y varias colecciones de relatos centrados en temática fantástica, ciencia-ficción y de nuevo histórica. ("Transformándose", Ed. Mandrágora (2007) y "D de Destructor y otros relatos" ,Ed. Cyberdark (2015)) Además, también en el 2015, participó en una nueva antología de corte histórico llamada "Retales del pasado" junto a otros muchos autores versados en el género.
Aparte, ha obtenido los siguientes galardones:
 X Premio Pablo Rido de relato corto por Los ladrones de nubes
 XIV Premio Pablo Rido de de relato corto por En la casa del veneno
 XVII Premio Pablo Rido de cuento corto por Hacia el Survillión
 Premio Ignotus 2004 a la mejor novela corta por Imperio
 XI Premio Alberto Magno de relato por Bajando
 VIII Premio Domingo Santos de relato corto por D de Destrucción
Además de participar en diversas antologías, como la presente, y otras publicaciones.

martes, 15 de marzo de 2016

Aliado de las sombras- de J.J Hernández

Si hay un relato donde la moral queda en cuestión es el siguiente, Aliado de las sombras, de J.J Hernández, el autor más joven que participó en la antología solidaria Leyendas de la caverna profunda . Un texto de fantasía, como los que acostumbra a escribir con su pluma gaditana.
¿Para cuándo la siguiente novela, J.J?

Aliado de las sombras (fragmento)
Oscurece, es la hora de empezar a trabajar y tienes que prepararte. Necesitas tomar un trago de algo fuerte que te prepare para lo que debes hacer, así que cruzas las calles embarradas. Nadie te mira, no hay ojos que observen tu silenciosa marcha, eres una sombra en medio de la noche, embozado en una negra capa que te oculta por entero. Nadie puede ver tu pelo castaño, recogido para que no se convierta en una molestia, solo tus ojos, ojos de hielo y casi muertos, eso es todo lo que dejas ver. Avanzas por calles oscuras, en una tierra extraña, lejos de tu hogar, si es que alguna vez hubo algún sitio al que llamar así.
Entras a la posada, atraviesas la puerta sin llamar la atención, manteniendo la vista apartada de los clientes, no deseas que nadie te mire, que nadie te recuerde. Te alejas de los parroquianos mientras estos continúan con sus bebidas y conversaciones. No te interesan, tienes demasiado por delante y no puedes distraerte con necedades, así que escoges una mesa apartada, casi escondida en la penumbra de un rincón.
Sientes los pasos acercarse, tu instinto hace que la mano busque el calor de la empuñadura, el tacto familiar te tranquiliza y miras al frente. Es el dueño quien se acerca con una sonrisa. Apartas la mano del arma, no debes delatarte, aún no.
Prestas atención a los ruidos del local, montones de sonidos diferentes y ninguno te parece una amenaza, por lo que respiras con más tranquilidad ahora.
— ¿Qué le sirvo?
El hombre tiene la voz cascada por los años, lo miras un momento y apartas la vista antes de perderte en su mirada.
—Algo fuerte —dices sin más.
Sus ojos te vigilan con atención, eres un forastero y no puede evitar sentir curiosidad. Te pone nervioso, pero estás acostumbrado, siempre yendo de un lado a otro, escondido dentro de esas ropas oscuras para escapar de las miradas ajenas.
Eres un fantasma para todos, siempre lo has sido.
Cuando el posadero se aleja, te calmas. Ahora solo tienes un nombre en la cabeza: Thomas. Es poco, un nombre acompañado de una escueta descripción y la primera parte del pago, eso es todo lo que te han dado. Es sencillo, cinco mil ahora y cinco mil cuando el trabajo esté terminado. Tu instinto te hace evitar pensar en ello de nuevo, ya has pasado suficientes veces por ello. Thomas no es más que un nombre ahora, no sabes si es un hombre bueno o un diablo, si tiene familia, hijos, padres, amigos…, solo es un nombre.
Un largo trago te devuelve la calma, siempre lo hace, te templa los nervios y calma tus temores.
No en vano te dedicas a esto, diez mil es una suma tentadora, podrás descansar una buena temporada con un pago así, estarás más tranquilo si piensas que Thomas no es más que un nombre con una descripción.
Es tu vida, así la has vivido siempre. La bebida te da calor, pero por mucho que intentas marcar en tu cabeza que no es más que un nombre, sabes que no es así, ya sabes que cuando recibas la segunda parte del pago, te sentirás mucho más vil.
Rompiendo tus propias reglas, dejas que tu mirada recorra la posada, un edificio de piedra y madera, antiguo como la propia ciudad, abarrotado de clientes de animada conversación, lejos de ti. Para ellos no existes, te miran sin lograr verte, y aunque intentan comprender quién eres, en el fondo no desean saberlo.
Tus ojos se detienen, cruzándose con los de una muchacha, una chiquilla de hermosa sonrisa. Tratas de apartar la vista, eres atractivo, pero no tienes tiempo ni deseos de divertirte.
Aunque ya no miras sus ojos, los sigues viendo, clavados en ti, con esa sonrisa pura en sus labios. Te pones nervioso, no te gusta eso que estás viendo, parece que haya reproche en sus ojos. Tal vez sea hija de Thomas, o incluso hermana, prefieres no pensar en ello, no lo logras y te alteras más, sabiendo que aún te mira.
“Ni mujeres ni niños”, piensas. Es la premisa por la que has regido tu vida, la única norma que has seguido durante todos tus años, firme asidero durante el paso de nombres y dinero.

J.J Hernández (si quieres leer el relato entero y otros pertenecientes a "Leyendas de la caverna profunda", la antología solidaria, pincha aquí )


J. J. Hernández (1989) (breve biografía)
He ganado algunos concursos de relato breve a nivel local y regional, y luego empecé a trabajar la novela, generalmente fantasía épica y humor.
Novelas publicadas:
Los Diez Reinos. 1, La Ira Del Dios Oscuro (2009, Eldalie Publicaciones).
Los Diez Reinos. 2, El Vuelo del Dragón Negro (2010, Eldalie Publicaciones).
El Ojo Del Dragón (2013, Ediciones Hades).

Regularmente colaboro con Chorrada Mensual, revista online de corte humorístico que publica relatos de forma periódica.
He colaborado con algunos blogs, dirigiendo algunos ( De este lado de las palabras y Ex Mundo )

martes, 16 de febrero de 2016

Remiendos del pasado (de Marta Sebastián)

Hoy toca chica, y su nombre es Marta Sebastián, la joven autora de Remiendos del pasado, una novela ágil, que se lee de un tirón y que está levantando muchas críticas en las redes, la mayoría positivas (no hay más que ver sus 30 comentarios de 5 estrellas en Amazon...)


REMIENDOS DEL PASADO (fragmento de la novela)

Se despertó de golpe. Sudando. Y durante unos instantes no pudo distinguir nada en la oscuridad que reinaba en la habitación. Tenía la respiración agitada. Su corazón iba extrañamente rápido. Se pasó la mano por el pelo e intentó controlar su propio cuerpo. Poco a poco sus ojos se fueron adaptando a la escasa luz. Miró hacia su derecha. Ella dormía a su lado, plácidamente. La observó en silencio durante unos instantes, luego salió de la cama.
Su guitarra yacía en una esquina de la habitación, mirándole fijamente, expectante. Y él tenía tantas notas flotando por su cabeza y tantos sentimientos encogiéndole el corazón que no lo dudó ni un solo segundo. Cogió la guitarra y salió de la habitación. Se sentó en un sofá del salón y sacó, muy lentamente, la guitarra de la funda.
Era, casi, como un ritual. O, más bien, como un acto de seducción. Como ir desnudándola lentamente. Rozándola, casi sin tocarla. Recorriéndola de arriba abajo. Sintiendo su tacto y reconociendo cada rincón como si fuera una parte de sí mismo.
Y empezó a tocar. La misma canción de siempre. Y no sabía por qué siempre empezaba con esa canción; se había convertido, más que en una rutina, en algo tan intrínseco, tan inconsciente que ni siquiera se lo planteaba.
La música le rodeó, le abrazó con fuerza y delicadeza. Cuando tocaba era como trasladarse a otro mundo, era llenarse de paz pero a la vez de una energía, de una vida, de un remolino que le apretaba el estómago...
No supo cuánto tiempo estuvo tocando, podía pasarse horas con su guitarra, tocando viejas canciones e inventando y componiendo nuevas canciones. Desde que podía recordar su vida había estado ligada a la música. La música era lo más firme, lo más seguro que había tenido... Incluso había conocido al amor de su vida tocando...
Se quedó parado unos instantes tras ese pensamiento que había aparecido de golpe en su mente. Se pasó la mano por el rostro mientras suspiraba, luego sacudió la cabeza y buscó, en la funda de la guitarra, su cuaderno de canciones. Pasó las páginas hasta que llegó a la canción que habían dejado a medias dos días antes. La habían dejado reposar porque habían acabado atascándose en la tercera estrofa pero ahora se sentía lleno de energía, las notas le daban vueltas por la cabeza y tenía ese extraño cosquilleo que le indicaba que estaba inspirado. Justo cuando tocó la primera nota oyó como se abría la puerta del salón; subió la vista y entre las sombras distinguió a Vanessa mirándole fijamente.
─ ¿Qué haces ahí? ¿No has visto la hora que es?
─ Me he despertado y no podía dormir.
─ Anda, ven a la cama... No es hora de tocar la guitarrita.
Vanessa desapareció entre las sombras del pasillo. Carlos suspiró, miró la canción escrita en el cuaderno y después lo guardó, junto a la guitarra, en su funda. No quería que Vanessa se mosquease y empezaran ya mal el día.
Dejó la guitarra apoyada en una pared del salón y se fue al dormitorio. Vanessa se había vuelto a meter en la cama y le daba la espalda. Ya se debía haber cabreado. Carlos suspiró y se metió en la cama. Se acercó a Vanessa y le dio un beso en el pelo.
─ Mañana tenemos que ir a cenar a casa de mis padres.
─ Mañana tengo ensayo.
Se hizo el silencio durante unos segundos. Carlos notaba la respiración agitada de su pareja, le pasó la mano por el brazo para tranquilizarla. La oyó suspirar.
─ Voy a buscarte al local y nos vamos directamente.
─ Vale.
Carlos sabía que Vanessa no iba a decir nada más y él tampoco tenía muchas ganas de seguir con esa conversación. Le dio otro beso en el pelo, se dio la vuelta e intentó volver a dormirse.

Marta Sebastián





Marta Sebastián (breve biografía)

Nació en 1981 en Madrid, ciudad de la que se declara profundamente enamorada. De procedencia gallega, se siente muy unida a esa tierra.

Estudió magisterio de inglés, carrera que abandonó temporalmente para realizar un voluntariado de 6 meses en Mozambique y trabajar durante año y medio en Barcelona en una ONG en proyectos de formación al profesorado en Mozambique. Actualmente cursa Pedagogía por la UNED.

Escribe desde pequeña, pero hasta ahora no se había decidido a dar el paso definitivo. Se decide por la autopublicación con Círculo Rojo. Remiendos del pasado es su primera novela publicada.

Muy activa en las redes sociales puedes encontrarla sobre todo en twitter (@martasebastian), facebook (https://www.facebook.com/MartaSebastianP) o en su página web (www.martasebastian.com)

miércoles, 3 de febrero de 2016

Fruta desperdiciada- por Ricardo Guadalupe

Fruta desperdiciada

Entré sola a su apartamento en liberty city al día siguiente de que se la llevaran.
Un policía me había localizado y entregado sus objetos personales en una caja de zapatos, mientras me daba un pésame intercalado con el canturreo de los avisos que emitía su radiotransmisor.
Seguí las indicaciones del agente hasta encontrarme en un piso soterrado de un edificio situado a dos calles de la avenida Broadway. El suelo era de moqueta, y aquí y allá permanecían esparcidas naranjas y manzanas con las que debió rodar al caer muerta. Me imaginé las vueltas de las piezas de fruta y el simultáneo vaivén de su mirada de la pared al suelo y del suelo finalmente a la pared. Y entonces tragué saliva al darme cuenta de su última visión. Fotografías en blanco y negro empapelaban las paredes por completo; Imágenes de su juventud, ora en bikini, ora de largo, y en las que destacaban sobremanera sus ojos, de pestañas encrespadas, cejas tupidas, párpados firmes. Eran cientos de copias estáticas de sus ojos. Siempre anteriores a los veintitrés años, edad en que me tuvo a mí.
Mi tío estaba en lo cierto, mi madre y yo tuvimos de jóvenes los mismos ojos. Unos ojos que en mí, ella rehuía: Me hacía llevar gafas oscuras y castigaba de cara a la pared. También conseguía evitarlos en mi cuarto, donde sólo entraba con las luces apagadas. Pero una mañana los enfrenté a su mirada: Sentada sobre ella a horcajadas la desperté retirándole el antifaz que se ajustaba para dormir. Sus ojos de hucha vieron en los míos dos manecillas que giraban hasta poner en hora su propio reloj del tiempo. Creo que fue ese el día en que decidió desaparecer hacia las entrañas de liberty city.
Ahora volvía a ver sus ojos por medio de esas ajadas fotografías. Agaché, algo incómoda, la mirada, y salí del apartamento. Ya afuera, quise humedecer la garganta en un puesto de refrescos. Cuando abrí la cartera asomó el retrato de mi hija de diez años. Tiene mis mismos ojos. Aunque, afortunadamente, no los puedo apreciar bien. Dos certeros alfilerazos en la foto los agujerearon.

Ricardo Guadalupe
Puedes encontrar más sobre este estupendo autor en:
escritores.org
tienesmipalabra.blogspor.com.es

jueves, 21 de enero de 2016

I Encuentro de Autores Independientes de Aranjuez

El sábado día 12 del mes 12 (del 2015) a las 12:00 en punto, como si hubiese sido calculado adrede, se realizó el "Primer Encuentro de autores independientes en la localidad de Aranjuez", en el conocido restaurante El Rana Verde, con cuatro escritores que han apostado por esa independencia. Una jornada agradable, con sorpresas teatrales y consumición gratuita a los asistentes. Mala hora y mal día, decían algunos, por las fechas y la cantidad de eventos alternativos que se habían confabulado para realizarse incluso a la misma hora. Se superó el obstáculo con creces, ya que fueron bastantes los que se añadieron para escuchar la palabra de estos "aventureros" y amantes de la palabra, moderados por el reconocido periodista local Ricardo Lorenzo.
El encargado de amenizar teatralmente la mañana fue un actor llamado Daniel Rovalher, perteneciente al grupo de teatro Ron lalá, de gran éxito en las carteleras (actualmente con "Cervantina", en el Teatro de la Comedia) , no sólo españolas sino de Europa, Latinoamérica e incluso con una gira por EEUU a las espaldas. Un personaje del siglo de oro español que encantó y refrescó al público durante un buen rato, dando paso al evento en sí, que duró, fuera de toda probabilidad, bastante más de lo pensado a causa de las numerosas preguntas de los asistentes.

El encargado de la música fue el compositor Alberto R. Valhermoso, autor de las bandas sonoras de multitud de cortometrajes y mediometrajes, así como de obras de teatro entre las que destaca, por ejemplo, el Motín de Aranjuez (fiesta de carácter Internacional para el que no lo conozca) y su representación anual.

No obstante, en cuanto al evento en sí mismo y su denominación, algunos se empeñan en nombrar mejor como "indies" a los "independientes", ya que este término continua poniendo nerviosos a muchos, editores o libreros que miran con cierto desdén o desconfianza, e incluso algún lector conservador que prefiere lo que le aconsejen "profesionales" del libro. Se vivió algún puntal de tensión en este sentido; la sombra del gigante Amazon, el enorme acaparador del negocio del libro, se cierne peligrosamente y es considerado por muchos el causante de la bajada de ventas en el sector y en la quiebra de librerías y editoriales. Lo curioso es que la culpa de todo, según escuché y leí en alguna ocasión, la tienen los "independientes", en fin...Por cierto, palabra que incluso muestran con "vergüenza" ciertos autores, ya que se ocultan en mal llamadas editoriales que son más bien, y en exclusiva, imprentas a las que pagas por que te publiquen. Tener un "sello editorial" tranquiliza y da confianza, por qué no negarlo, incluso a escritores. Pero hablamos, entonces, de apariencia, de nada más.

Dejando desvaríos y continuando con el encuentro, después del ameno refrigerio teatral y "Cervantino" se sucedieron la proyección de vídeos varios, entre los cuales se encontraba uno que envió expresamente la escritora hispana que más ha vendido en la historia: Blanca Miosi, que se prestó gustosamente a compartir su experiencia y enriqueció la jornada. De hecho, el evento se prologó una hora más de lo previsto, y hubo que concluirlo de un modo u otro so pena de prolongarse más aún con la intervención del público entregado.

Tras varias reflexiones "post-eventuales", cabe determinar si la jornada sirvió de algo o no. ¿Valió la pena todo el esfuerzo y tiempo dedicado? ¿Cambió el panorama del autor novel e independiente? ¿Superfluo e innecesario un encuentro de estas características? ¿Se volatilizará con el tiempo o servirá de base a otros? ¿Quedará ninguneado como otros muchos? ¿Simple muestra del "ego del escritor", por otro lado siempre presente?
Preguntas y dudas que me asaltan según pasan los días. A veces contestadas, a veces recapituladas, supongo que solo el tiempo tiene la respuesta. Y, como siempre, el lector, que es el que realmente importa y hacia quienes vamos dirigidos los que escribimos y deseamos publicar.
Lo que está claro es que el panorama está cambiando y las riendas no las llevan los de siempre. Empresas nuevas surgen para reemplazar a otras caídas, quizás obsoletas o muertas por cansancio. En el mundo del libro triunfará quien logre captar y adaptarse antes al cambio, a las necesidades del público y de los autores, que son la materia prima, por qué no decirlo. Y, en este caso, creo firmemente que los indies o independientes (como creo que deberían llamarse ya sin tapujos), tienen algo muy importante que aportar.


Autores presentes en el Encuentro:
David Cañaveral que además formó parte de la organización del evento. Novel como los demás, posee ya dos novelas en el aire, una de las cuales es ya parte de saga ("El triángulo escaleno" y "Dados de cristal"). Autor lleno de ilusión, es todo un ejemplo a seguir en cuanto a compañerismo se refiere. Noa Velasco, joven escritor volcado en la fantasía clasica de espada y brujería, es también ilustrador nato. Prueba son los numerosos trabajos y proyectos donde aúna sus dos placeres, así como su primera novela "Kelvalad, la espada oscura", cuya portada la realizó él mismo y de modo más que correcto. Alberto Lominchar, excelente poeta y novelista, se define más como un amante de la historia, en especial del siglo XIX. Con varios libros de poesía y dos novelas ("Numancia contra el tirano" y "El hombre bueno que supo hablar"), aprovechó el evento para mostrar en exclusiva su último trabajo "Pequeños retazos de historia arancetana": una recopilación de textos y relatos de corte histórico sobre la villa de Aranjuez, Real Sitio durante siglos. Durante años, estos relatos cortos iluminaron con calidad una conocida revista local de gran difusión.
Por último el que suscribe, Javier G. Valverde, otro de los sufridos organizadores, con una sóla novela publicada ("La leyenda del bosque que nunca existió") y creador de la antología solidaria "Leyendas de la caverna profunda" disponible en www.1libro1euro.es.

lunes, 11 de enero de 2016

Aromas- de Ana Fúster

Ana Fúster es una escritora a la que, por lo poco que sé, le encanta experimentar en la literatura, sobre todo en microrrelatos. Profesora de escuela de idiomas y filóloga, nunca ha abandonado por otra parte la poesía, de la que posee varios premios.
Este relato de corte fantástico, como todos los de la antología solidaria "Leyendas de la caverna profunda", no parece tal en principio; pero no nos engañemos: puede observarse en varias ocasiones un interesante experimento en cuanto a juegos de palabras se refiere. Dicho queda.
Ah, el jazmín...

Aromas
Mientras conducía de vuelta a casa, Violeta no paraba de dar vueltas en la cabeza a qué pensaría hacer Javier. El día anterior le había dicho, "Mañana hacemos cuatro meses, mi niña. Quiero que sea especial". Aquel "mi niña" que Javier había usado para dirigirse a ella desde la primera noche cada vez se integraba más en su vida y se le hacía más cercano e imprescindible. Se había enamorado de él desde el primer segundo en que lo vio, rompiendo así la norma que tiempo atrás se había impuesto a causa de una mala experiencia: "Nunca en la primera noche". Desde luego no se arrepentía de haberse dejado llevar por el impulso, la corazonada y el deseo surgidos en ella aquella tarde en la terraza bajo los naranjos en flor, pues había encontrado en él todo lo que siempre había buscado en sus anteriores parejas y jamás había tenido: no sólo era comprensivo, cariñoso y sociable, sino que poseía un sentido del humor agudo e inteligente y una gran imaginación que le convertían en una persona junto a la cual era imposible aburrirse. Compartían bastantes gustos y aficiones, como una pasión por el jazz que les había llevado a disfrutar muchas veladas junto a Satchmo, Ella, Dizzie y Django. Y para que el gozo fuese completo, él era un genio en las dos cosas que Violeta encontraba más difíciles en este mundo, la cocina y el bricolaje casero. Sí, era una chica con suerte. Lo único que ensombrecía su felicidad recién estrenada era el dichoso problema de la casa.

Aparcó el coche frente a la puerta. Pensó que era preferible a meterlo en el garaje, pues suponía que lo tendría que volver a usar dentro de poco, ya que Javier le había dicho que al salir del trabajo se fuese a casa, que él la llamaría al móvil en cuanto estuviese listo. Abrió la puerta de la verja y entró al jardín, pero cuando subía los escalones del porche algo llamó su atención: la parte inferior del jazminero estaba completamente despojada de jazmines. Miró al suelo, buscándolos, pero aparte de alguna que otra hoja las losas de la escalera estaban limpias. Hizo un gesto de extrañeza, pero luego pensó que quizá algunos niños del vecindario habían saltado la valla y habían estado robando jazmines para regalar a sus madres, y de nuevo volvió a centrar sus pensamientos en la sorpresa que la esperaba esa noche. Abrió la puerta y nada más entrar se detuvo en seco.

El ambiente fresco delataba que el aire acondicionado ya llevaba un rato funcionando. Todo estaba en penumbra, pues las persianas estaban medio bajadas y las cortinas corridas, pero aún así se podía ver que la mesa del comedor había sido dispuesta con esmero para una cena romántica. Una mantelería color burdeos que ella nunca había visto antes cubría el tablero, sobre el cual alguien había colocado las servilletas, los cubiertos, las copas, los platos blancos que destacaban sobre el rojo vino de la tela, dos esbeltos candelabros de cristal con velas a tono con el mantel y, en el centro, una bandejita ovalada llena a rebosar de jazmines. La boca de Violeta se abrió en un gesto de asombro que inmediatamente se convirtió en sonrisa. ¡Así que eso era! Este chico nunca dejaba de sorprenderla. Pero lo más asombroso de todo era que el hedor había desaparecido. Violeta aspiró profundamente, pero lo único que alcanzó a percibir fue el delicioso aroma que exhalaban los jazmines sobre la mesa. ¡Era increíble! ¿Cómo lo había logrado? Llamó a Javier varias veces pero su voz no obtuvo respuesta. Avanzó hacia la escalera y quedó atónita ante el espectáculo: junto a la pared, cada tres escalones había encendida una pequeña vela de las que se utilizan para mantener calientes las teteras, como marcando el camino hacia arriba, y en cada escalón central de los tres un minúsculo montoncito de jazmines. Violeta, nerviosa y encantada, volvió a llamar a Javier, pero de nuevo no hubo respuesta, así que suponiendo que él la aguardaba en el dormitorio comenzó a subir la escalera despacio, recreándose en la magia del espectáculo que había convertido las anodinas escaleras de su propia casa en el escenario de un cuento.

Ana Fúster (fragmento de "Aromas", perteneciente a Leyendas de la caverna profunda . Por sólo 1€ para Save The Children te llevas la antología y todos los libros que desees de esta página. )



Ana Fúster (breve biografía)

Nací en Cartagena, donde trabajo como profesora de inglés en la enseñanza pública. La escritura me aporta aprendizaje, pulveriza la rutina, me permite asomarme a otros mundos y me ha traído amistades, así que no me imagino sin ella. Algunos de mis textos han sido ganadores o finalistas en certámenes de microrrelatos como Esta Noche Te Cuento, La Microbiblioteca, El Secreter o el Encuentro Literario de Autores en Cartagena, y han aparecido en varias antologías y revistas. También colaboré en la sección “Inglés para cinéfilos” de la Revista Salitre de Alicante, y ahora lo hago en "Amanece Metrópolis", también de la misma localidad.